solo título
Soublette,   Carlos,   gobiernos de

1837-1839

Como consecuencia de la renuncia del presidente José María Vargas, que es aceptada por el Congreso el 24 de abril de 1836, Andrés Narvarte se encarga de la presidencia de la República hasta el 20 de enero de 1837, cuando concluye su período vicepresidencial. Mientras el Colegio Electoral llevaba a cabo las elecciones para escoger al nuevo vicepresidente constitucional, ocupa el cargo interinamente el general José María Carreño, en su carácter de vicepresidente del Consejo de Gobierno. Realizados los escrutinios, Carlos Soublette obtiene la mayoría con 52 votos; el 10 de abril de 1837 regresa de Europa, donde se hallaba de ministro plenipotenciario negociando el Tratado de Independencia de Venezuela, Paz y Amistad con España; al día siguiente, a la edad de 47 años, se juramenta como vicepresidente para el período 1837-1841, y como tal ejerce la presidencia de la República hasta 1839, cuando se cumplía el período de Vargas. Lo acompañan en el gabinete: Ramón Yepes y José Luis Ramos, quienes sirven en la Secretaría de Estado; Santos Michelena en Hacienda y Relaciones Exteriores; la Secretaría de Guerra y Marina la desempeña el coronel Guillermo Smith. El gobierno se inicia bajo una apariencia de paz interior, toda vez que estaban juzgados y desterrados o en prisión los principales comprometidos en la llamada Revolución de las Reformas de 1835-1836. Sin embargo, una de las primeras medidas que el gobierno se ve obligado a tomar es la de levantar un ejército para someter a Francisco Farfán, uno de los indultados por participar en la mencionada revolución y que se había alzado en los llanos de Apure. El Congreso autorizó al Poder Ejecutivo para poner sobre las armas a 2.000 hombres y a llamar al servicio, si fuera necesario, hasta 8.000 milicianos; a la cabeza del ejército fue colocado el general José Antonio Páez, quien disolvió exitosamente la insurrección. A instancias de Soublette, el 22 de mayo de 1837, se decretó una amnistía para todos aquellos reformistas que se encontraban dentro del territorio nacional, estuvieran o no encausados; el 5 de junio del mismo año, se dictó un segundo decreto de indulto incluyendo a los comprometidos en el movimiento de Farfán, pero exceptuando a los cabecillas de dicha insurrección. La actitud de Soublette le ganó la animadversión de algunos de sus mismos partidarios y la de los adeptos al doctor Vargas, quienes se pronunciaban por el mantenimiento de las medidas punitivas severas que se habían dictado con anterioridad. Como resultado, se desató en la prensa un violento debate defendiendo al presidente Soublette o acusándolo de haber violado la Constitución. En 1838, ocurrieron otros alzamientos: el de Juan Cordero y Eduardo Figueroa en Cumaná y con mayores repercusiones, el del coronel Francisco María Farías en Maracaibo y Perijá; vencidos ambos movimientos, se le dictó sentencia de muerte a Farías. Al finalizar el año 1839, se habían ejecutado 6 sentencias de muerte; a 76 individuos se les conmutó la pena máxima por prisión o destierro. La defensa del orden interno, entre 1837 y 1838, se había llevado el 45% del presupuesto. Durante este período continuaron las gestiones diplomáticas entabladas con anterioridad. Existían relaciones diplomáticas entre Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Nueva Granada, Chile; un Tratado de Navegación con Estados Unidos y tratados de amistad y comercio con la Gran Bretaña, Holanda, Francia, Dinamarca y las Ciudades Hanseáticas. En 1837, Soublette nombró a Daniel Florencio O'Leary encargado de Negocios en el Vaticano, en búsqueda del derecho de patronato, no como herencia de España, ni como concesión de la Santa Sede, sino como elemento inherente e inseparable de la nueva soberanía venezolana; la negociación quedó pendiente por las dificultades encontradas. En 1839, el gobierno envió a Alejo Fortique a Londres, con el carácter de comisionado para el arreglo de la deuda grancolombiana. Para 1838, la población estimada de Venezuela oscilaba entre 700.000 y 950.000 habs. concentrados en las ciudades de Caracas, Valencia, Cumaná, Barcelona, Barquisimeto, Barinas, en los valles de las cordilleras y en el litoral central. El mercado interior era reducido; se calculaba que casi la mitad de los venezolanos vivía marginada de la economía monetaria; no había industrias ni mano de obra especializada; el pueblo, en su mayoría, se ajustaba a una economía de subsistencia, basada en el trueque de bienes y servicios. Si bien ocurrieron algunos cambios a partir de 1830, continuaba la esclavitud institucionalizada y las manumisiones se efectuaban con extrema lentitud por falta de fondos. Por el mismo motivo de falta de dinero, funcionaban colegios nacionales solo en El Tocuyo, Trujillo, Coro, Guanare y Valencia, en el convento de San Francisco de Caracas, funcionaba el colegio Independencia, bajo la dirección de Feliciano Montenegro y Colón. Estos centros de enseñanza fueron facultados para otorgar grados de bachiller en filosofía. Aparte, continuaban las universidades de Caracas y Mérida.

A la difícil situación interna se sumó, a partir de 1837, la crisis económica que afectó a Estados Unidos; Venezuela estaba ligada a ese país por nexos comerciales, de modo que al declinar la demanda y, por consecuencia, los precios del café y el cacao, principales productos venezolanos destinados al comercio exterior, se quebrantaba igualmente la economía interna. Con el fin de percibir mayores ingresos se decretó, en 1837, la creación de juntas económicas en las capitales de provincia, encargadas de controlar el contrabando y facilitar el cobro de los impuestos. Aumentaron los derechos para los renglones exportables, el impuesto de la sal, así como los impuestos para la fabricación de aguardiente y bajaron, entre el 2 y el 8%, los sueldos de los empleados civiles. Al finalizar el año de 1838, quedaban pendientes los pagos por concepto de sueldos a los empleados públicos y se había solicitado para ello un nuevo empréstito. La crisis económica afectó en 1838 a todos los sectores de la población, pero en especial a los hacendados. Un grupo de estos, encabezados por el político y escritor Tomás Lander (quien era también hacendado), se reunieron para cruzar ideas y resolvieron fundar un periódico para defender sus intereses que, a su juicio, no eran debidamente atendidos por el gobierno de Soublette; su programa, publicado en el periódico La Bandera Nacional, fue el germen inicial del Partido Liberal, que solo se estructuraría a partir de agosto de 1840 alrededor de su vocero, El Venezolano. Entre tanto, en las elecciones presidenciales efectuadas a fines de 1838, Páez resultó vencedor y recibió de Soublette el poder el 1 de febrero de 1839. Soublette continuó como vicepresidente hasta 1841, aunque no al frente del Ejecutivo.

1843-1847

Para el cuatrienio de 1843 a 1847 participaron en la contienda electoral para la presidencia de la República Santos Michelena, Diego Bautista Urbaneja y Carlos Soublette. Los liberales apoyaban a Santos Michelena y rechazaban la continuidad de José Antonio Páez (el presidente saliente) y Soublette en el gobierno. El escrutinio favoreció a Soublette, candidato de Páez, con más del 66,66% de los votos. El 28 de enero de 1843, se juramentó en su cargo y formó su gabinete con Juan Manuel Manrique y posteriormente, Francisco Cobos Fuertes en Interior y Justicia; Rafael Urdaneta y después, Francisco Hernáiz ocuparon la Cartera de Guerra y Marina; Francisco Aranda, Juan Manuel Manrique y Pedro de las Casas se sucedieron en la Secretaría de Hacienda y Relaciones Exteriores. La paz interior que reinaba en los comienzos de este período condujo a la reducción del ejército permanente. A cambio, se organizó la milicia, tanto activa como local. Esta última quedó fija en sus respectivas parroquias, de forma que no se paralizaran las actividades agrícolas. El mantenimiento del orden público permitió, a la vez, una mejor distribución del presupuesto nacional. Para el año 1845-1846, el monto asignado al departamento de Guerra y Marina había mermado hasta significar el 23% del presupuesto, mientras que la suma destinada al de Hacienda mejoró, constituyendo el 43% del total. El 15 de abril de 1843, Soublette decretó el cierre de todas las causas en contra de los desterrados por ocurrencias políticas, acontecidas desde 1830 hasta 1836 y autorizó su entrada al país y su reincorporación a la vida nacional. En cuanto a la política exterior, fue en esta etapa cuando terminó oficialmente la situación de distanciamiento con España debida a la Guerra de la Independencia, pues en 1845 se celebró el Tratado de Reconocimiento de la Independencia, Paz y Amistad entre ambos países. No obstante, Venezuela quedó recargada con una deuda de 20.000.000 pesos. En 1844, se invistió a Fermín Toro con el carácter de ministro plenipotenciario, para arreglar la cuestión de límites entre Venezuela y la Nueva Granada (hoy Colombia). Esta gestión se suspendió después de un año de conversaciones, al no llegarse a ningún acuerdo. A pesar de los buenos augurios en materia política, una circunstancia económica dio pie para que se alterara el orden público: en 1842, se había presentado una nueva crisis de mayor duración y consecuencias que la de 1837. La demanda y el valor de las exportaciones bajaron progresivamente a partir de 1843. Las entradas por este concepto, correspondientes al año fiscal 1841-1842, alcanzaron la cifra de 7.399.923 pesos y en 1843-1844, habían descendido a 4.408.890 pesos, es decir en un 40%. La crisis y la economía de cuasi monocultivo (café y cacao como los 2 principales productos de exportación) se conjugaron con las disposiciones mercantiles vigentes que protegían al acreedor. Con la ley del 10 de abril de 1834, también llamada Ley de Libertad de Contratos, el Estado había dejado en manos de las partes contratantes la fijación de los intereses y se garantizaba el pago de los préstamos mediante la subasta de los bienes del deudor. En 1841, se había reformado también la Ley de Espera y Quita que redujo el plazo con que podían contar los deudores morosos. De esta manera, los agricultores que se habían endeudado en época de bonanza, perdieron sus propiedades durante la crisis. El descontento abarcaba también a los artesanos, aunque por otras razones: las manufacturas locales no podían competir con las elaboradas en Europa, pues estas entraban al país pagando bajos derechos de importación. Con el objeto de resolver la situación de los agricultores arruinados, Francisco Aranda, ministro de Hacienda y Relaciones Exteriores de Soublette, ideó la creación de un Instituto de Crédito Territorial, el cual contemplaba la facilitación de préstamos a interés, a largo plazo y con créditos al 5%. Existía libertad de prensa y únicamente en la ciudad de Caracas, entre 1844 y 1846, se publicaban 26 órganos periodísticos, de modo que este plan fue discutido a través de los mismos con gran revuelo y agitación. Recibió el apoyo de todos aquellos que esperaban beneficiarse, incluyendo a Antonio Leocadio Guzmán, quien por medio de El Venezolano promovía su candidatura para las elecciones presidenciales que se aproximaban. En 1845, fue presentado el proyecto del Instituto ante el Congreso y, a pesar de la aceptación que tuvo en las cámaras, fue vetado por el Poder Ejecutivo, argumentando que no era apropiado destinar fondos públicos para auxiliar a grupos minoritarios.

Cuando Soublette asumió la presidencia se propuso, como empresa nacional, la libertad de los derechos de exportación y la mejora o construcción de las principales vías de comunicación con el mar, la reducción de los gastos públicos y el pago puntual de las deudas contraídas por el país. El 14 de enero de 1845, se inauguró la carretera de Caracas a La Guaira, vía que redujo considerablemente los fletes y que fue la primera obra de tal naturaleza con que contó la República; también se llevó a cabo la mayor parte de los trabajos de la carretera de Valencia a Puerto Cabello, así como de los caminos para conectar a los llanos de Apure con la provincia de Mérida, además de varias conexiones entre puertos sobre el lago de Maracaibo y pueblos de la región andina. En Guayana, se realizó el trayecto de Upata a Puerto de Tablas y en Cumaná, la vía para unir a Cumanacoa con el puerto de Caño Colorado en el río Guarapiche. Con respecto a la deuda pública interna y externa, se cumplió a cabalidad el pago de los intereses y del capital correspondiente. De manera que en 1845, la primera se hallaba reducida a 192.000 pesos y de la segunda se habían amortizado 5.314.731 de pesos; ambos compromisos se llevaron a cabo con grandes esfuerzos y con ello ganó Venezuela prestigio internacional. En relación con el aspecto educacional, la situación era la siguiente: de 540 parroquias existentes en 1843, 209 contaban con escuelas primarias y en las mismas se educaban 11.969 alumnos. En 1844, de 250.000 jóvenes de uno y otro sexo, 13.000 recibían instrucción. En 1846, bajó el número estudiantes de primaria a 12.905. Aparte de los colegios nacionales que funcionaban con anterioridad, se instituyeron en este tiempo otros en Barcelona, Maracaibo, Cumaná y Guayana. El presupuesto lo aportaba en parte la Administración Pública, en parte los representantes del alumnado.

Para las elecciones de 1846, se postularon para optar a la presidencia de la República Antonio Leocadio Guzmán, José Félix Blanco, Bartolomé Salom y José Tadeo Monagas. Guzmán tenía el respaldo de los artesanos, el de las sociedades liberales que se habían expandido, tanto en Caracas como en ciudades del interior y el de todos los descontentos; pero bastantes hacendados le retiraron el apoyo, pues vieron en él a un alentador de pasiones y a un hombre radical que propugnaba una revolución social. En los meses siguientes a la promulgación de los candidatos, se dan varios estallidos insurreccionales en contra del gobierno y a favor de Guzmán. Sus seguidores, entre ellos Francisco Rangel y Ezequiel Zamora, saquean en Barlovento, los valles del Tuy y Villa de Cura. Procede entonces el Consejo de Gobierno a conceder facultades extraordinarias y nombra a Páez y a José Tadeo Monagas primero y segundo comandantes del Ejército, respectivamente. Restablecido un relativo orden, el candidato liberal es excluido de la lista de electores, se le considera faccioso y se le condena, primero a muerte, luego a cadena perpetua y finalmente, al destierro. En las elecciones de primer grado, ninguno de los demás candidatos propuestos obtiene la mayoría necesaria que exige la Constitución, de modo que el Congreso efectúa una nueva votación donde gana el candidato escogido por Páez y Soublette: José Tadeo Monagas. Soublette entrega el 20 de enero de 1847 la primera magistratura al vicepresidente Diego Bautista Urbaneja, quien preside interinamente la República hasta el 1 de marzo de 1847 cuando se juramenta Monagas. El régimen de Soublette se caracterizó por la búsqueda de conciliación con el sector militarista (protagonista de las insurrecciones entre 1830 y 1836), como hecho fundamental para la consecución de la estabilidad política. Se destaca en este período el despliegue de una gran actividad periodística, que refleja la libertad de expresión y el relativo respeto a lo derechos ciudadanos que imperaron gracias a Soublette. Destaca también el cuidadoso y honesto manejo de los dineros del Estado, tanto por parte del presidente como de los hombres que lo acompañaron en el gobierno. 

 

Tema relacionado: Revolución popular.

Autor: Magaly Burguera
Bibliografía directa: Banko, Catalina. Poder político y conflictos sociales en la República oligárquica, 1830-1848. Caracas: Universidad Santa María, 1986; García Ponce, Antonio. Panorámica de un período crucial en la historia venezolana. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1982; Parra Pérez, Caracciolo. Mariño y las guerras civiles. Madrid: Cultura Hispánica, 1958-1960. 3 vols.; Pérez Vila, Manuel. Aportes a la historia documental y crítica. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1986; Pino Iturrieta, Elías. Las ideas de los primeros venezolanos. Caracas: Fondo Editorial Tropykos, 1987; Querales D., Juan Bautista; comp. Estudios y discursos sobre el general Carlos Soublette. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1977;--. Soublette y la prensa de su época. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1979; Rojas, José María. Recuerdos de la patria. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1963; Soublette, Carlos. Archivo del general Carlos Soublette. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1992. 2 vols.;--. Carlos Soublette: correspondencia., comp. de Ligia Delgado y Magaly Burguera. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1981. 3 vols.;--. El vicepresidente de la República a los venezolanos. Caracas: Imprenta de Valentín Espinal, 1837;--. El Vicepresidente de la República a los venezolanos. Caracas: Imprenta de Velentín Espinal, 1844.  
Volver al tope
desarrollado por iKels