solo título
Colón,   Cristóbal
Génova (Italia) c.1451 —
Valladolid (España) 20.5.1506

Navegante al servicio de los Reyes Católicos, descubridor del continente americano. Lo que se sabe sobre la vida de Colón hasta su llegada a España es bastante confuso. Él mismo contribuyó a rodear su persona y pasado de vaguedades y misterios; dejó en la oscuridad su patria y familia, posiblemente para esconder su origen humilde, pues afirmaba descender de linaje ilustre. Movido por el mismo interés, su hijo Hernando, en la biografía del descubridor, lo presenta como de origen italiano, de familia noble y de marinos, entre ellos almirantes, y que había estudiado en la Universidad de Pavía. Bartolomé de Las Casas y los cronistas de América, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara y Antonio de Herrera, toman como guía la obra de Hernando Colón. Las polémicas sobre el origen y primeros años del Almirante han llegado hasta los historiadores actuales. En su tiempo era considerado italiano; él mismo se tenía por extranjero en España y dejaba entrever que había nacido en Génova, aunque el único documento en el cual se declara genovés es la institución de su mayorazgo (22.2.1498). Hernando Colón aludió a varias ciudades de Liguria, sin concretar ninguna, vacilación que siguen también Las Casas y Fernández de Oviedo. Posteriomente han surgido teorías que señalan otras regiones como patria de Colón: Galicia, Extremadura, Portugal, Cataluña, Córcega entre otras; también se le ha atribuido ascendencia judía; las dudas se agrandan al estudiar el idioma utilizado por el descubridor en sus documentos: por lo regular es castellano, aunque imperfecto y plagado de portuguesismos; el italiano, al parecer, no lo hablaba bien; su latín era mediocre y nada dejó escrito en portugués. Pero diversos documentos, en especial los recopilados con motivo del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América en la Raccolta Colombina (1892-1896), han hecho luz sobre su origen genovés y sobre su familia. Ya desde el siglo XVI se habla en Génova de un Colón plebeyo, de familia de artesanos modestos, cuyo apellido italiano era Colombo, traducido en España por Colomo y Colón; la familia era oriunda de Terrarossa.

En 1429 el abuelo de Colón, Juan Colombo, colocó a su hijo de 11 años, Doménico, de aprendiz de tejedor de lana en Génova; hay documentos que muestran a este como maestro tejedor, quesero y tabernero, hombre inquieto y negociante, sin bienes de fortuna. En 1445 se casó con Susana Fontanarossa, hija de otro tejedor de la comarca, de la que tuvo 5 hijos: Cristóforo, Juan Pellegrino, Bartolomé, Diego y Bianchinetta. Se ha considerado que el primero de estos, el descubridor, había nacido entre el 25 de agosto y el 31 de octubre de 1451, pero el historiador italiano Paolo Emilio Taviani llega a la conclusión de que el análisis de las fuentes no permite todavía tanta precisión y que la fecha de nacimiento «...es mejor conformarse con ubicarla entre 1450 y 1452...». La infancia y la juventud de Colón tampoco son claras y la escasa instrucción que poseía la alcanzaría en alguna escuela sostenida por los gremios de artesanos y sobre todo, en las conversaciones con marinos y negociantes en las callejas del puerto, pujante en aquellos años. Allí se formaría su vocación marinera. Hacia 1468 y tal vez desde 2 o 3 años antes, empezó a navegar, alternando sus actividades de tejedor con «viajes comerciales de pequeño cabotaje» por las costas cercanas a Génova. En septiembre de 1470 se hallaba en esa ciudad donde suscribió junto con su padre un documento, el más antiguo conocido, donde se le menciona. El 31 de octubre siguiente se declaraba Colón «...mayor de diez y nueve años...». Hacia 1474-1475 participó en una expedición comercial a la isla de Chíos en el mar Egeo, dominada entonces por los genoveses. A mediados de 1476 se embarca en Génova hacia Inglaterra, pero la flota de 5 naves mercantes de la cual formaba parte fue atacada el 13 de agosto de ese año cerca del cabo San Vicente (suroeste de la península ibérica) por el corsario francés Guillaume Casenove, a quien apodaban «Coulomb el Viejo». El buque de Colón se hunde y él logra llegar agarrado a un remo hasta las costas de Portugal. Luego se dirigió a Lisboa. Fue allí donde se hizo un gran marino y se iniciaron sus inquietudes científicas.

La capital de Portugal era en aquellos momentos un foco de expediciones descubridoras; la exploración portuguesa por el litoral africano estaba ya avanzada. En Lisboa había una colonia de genoveses dedicados al comercio y posiblemente el náufrago encontraría entre ellos protectores. En ese momento se sitúa otro episodio poco conocido de su vida. Desde fines de 1476 hasta mediados del año siguiente lleva acabo un viaje a Inglaterra y en el puerto de Bristol, se embarca en un buque destinado a Islandia, isla que visita. En 1477 se halla de nuevo en Lisboa. En 1478, por cuenta de un comerciante genovés establecido en Portugal, realiza un viaje a la isla de Madeira, a fin de comprar un cargamento de azúcar; el negocio fracasa y Colón ha de presentarse como testigo en Génova, el 25 de agosto de 1479, en el pleito que enfrenta a 2 comerciantes-armadores genoveses. De nuevo en Portugal, viaja casi de inmediato a la pequeña isla de Porto Santo, próxima a la de Madeira, donde, hacia septiembre u octubre de 1479, contrae matrimonio con Felipa Moniz Perestrello cuyo padre, Bartolomé, ya fallecido, había sido criado del infante don Juan y luego del infante don Enrique el Navegante, quien le dio la Capitanía de Porto Santo. La familia Moniz Perestrello tenía influencia en la corte de Lisboa y gracias a esto pudo Colón introducirse en la misma. Al casarse, su suegra le entregó los papeles de navegación, cartas de navegar e instrumentos que habían pertenecido a su marido, que estimularían al joven marino en el estudio de la cosmografía y astronomía y a inquirir más sobre la práctica y experiencia de las navegaciones que hacían los portugueses. Colón y su esposa viven un tiempo en Porto Santo, donde nace probablemente su hijo Diego y luego se establecen en Madeira.

Durante los años 1480 a 1483 Colón realiza varios viajes comerciales a Lisboa y también a las Azores, las Canarias, las islas de Cabo Verde y la costa africana de Guinea, donde los portugueses poseen establecimientos. Mientras realizaba esos viajes, y en los años inmediatamente siguientes, fue acopiando conocimientos científicos y forjando la gran idea que iba a ser directriz de su vida: una visión maravillosa del Extremo Oriente, recibida a través de las descripciones de Marco Polo, que había leído y meditado mucho y la posibilidad de llegar a aquellas tierras en navegación directa desde occidente, eludiendo la larga y peligrosa ruta de las caravanas, que las conquistas turcas hacían ya casi impracticable. Conocía la correspondencia entre el canónigo de Lisboa, Fernando Martins y el cosmógrafo florentino, Paolo Toscanelli; este, en su respuesta, opinaba que la distancia marítima entre los extremos occidental de Europa y oriental de Asia no era grande y podía navegarse fácilmente. El propio Colón se carteó, al parecer entre 1480 y 1482 con Toscanelli, quien insistía en la posibilidad y conveniencia de la gran aventura; es posible que Colón tuviese una copia de los informes que Toscanelli le había enviado a Martins. En esos años, dedicado a la consulta de libros y de mapas y al estudio de la cartografía, Colón buscaba datos que sirvieran de apoyo a su proyecto. Tanto él como Toscanelli sostenían la idea de la esfericidad de la Tierra. Tolomeo había asignado 180o (de los 360o de la esfera), a la extensión continental entre Portugal y la China, o el extremo de Asia, viajando (como Marco Polo) de oeste a este; Marino de Tiro creía que abarcaba 225o; Toscanelli los aumentó a 230°, con lo cual Portugal, navegando a través del Atlántico hacia el oeste, distaría solo 130o de las costas orientales de Asia. Colón, por su parte, creía que aún había que hacerle a esas hipótesis 2 correcciones: según él, los 230o de que hablaba Toscanelli no comprendían las tierras del Extremo Oriente citadas por Marco Polo, que se extendían más allá (suponía que quizás 28°); y además consideraba que si la navegación hacia el occidente se emprendía, no desde Portugal sino desde Canarias, las Azores o Cabo Verde, la distancia se acortaba entre los extremos; siguiendo a Alfragano, Colón le asignaba al grado en el ecuador 56 y 2/3 de millas; y a la altura de la isla Gomera, (una de las Canarias) paralelo elegido para su travesía, mediaría solo 50 millas; pero no advirtió que las millas de Alfragano eran árabes, de 1.973 m, mientras que él usaba la milla italiana de 1.481 m. En todo caso, Colón estaba convencido de que entre el extremo occidental de Europa y el oriental de Asia había poco mar, y se mantuvo firme en su idea.

Tal fue el plan que en 1483 o 1484 presentó al rey de Portugal, Juan II, solicitando su apoyo para la empresa. Las exigencias del marino genovés, en caso de tener éxito, eran enormes (almirantazgo, virreinato, la décima parte de los tesoros que se lograsen...) iguales a los que luego obtuvo de los Reyes Católicos en España. Se ha escrito que Juan II no se mostró muy propicio, pues Portugal ya tenía un pie en África, buscando el camino hacia la India y no deseaba distraer fondos en una aventura incierta, máxime con las pretensiones de un extranjero, cuando tenía marinos portugueses que lo harían gustosamente sin tantas exigencias. Sin embargo, hizo estudiar el plan por una Junta, formada por el obispo Diego Ortiz de Villegas, matemático y cosmógrafo, el judío Josef Vizinho, médico del Rey y cosmógrafo; y el maestro Rodrigo das Pedras Negras, físico de palacio; quienes desecharon la idea. Se dice que, de todos modos, el rey de Portugal envió secretamente una nave en ruta hacia occidente, la cual nunca regresó. Según Demetrio Ramos Pérez, la verdadera razón de que no se produjera un acuerdo entre el monarca portugués y el marino genovés se debió a que el primero no deseaba poner en entredicho el tratado de Alcázobas, firmado en 1479 por Castilla y Portugal, que le confería a este último ventajas especiales en la exploración de la costa africana y el Atlántico al sur de las islas Canarias.

Dejando en suspenso las negociaciones, Colón, que había quedado viudo, salió secretamente de Lisboa con su hijo Diego, de pocos años de edad, y se encaminó al monasterio franciscano de La Rábida, en el sur de España, en 1485. Su propósito era informarse de los monjes acerca de las noticias que tuviesen sobre islas al occidente de las Canarias, entre ellas las fabulosas «Antilia» y la «Isla de las Siete Ciudades», que se creía estaban cerca del Cipango (Japón). No fue entonces cuando Colón conoció en La Rábida a fray Juan Pérez ni a fray Antonio Marchena, que no habían llegado aún allí, pero sí se entrevistó con un «fraile astrólogo» bien informado y posiblemente, con otro franciscano, fray Pedro de Marchena, que había estado en las Canarias. Se entrevistó también con un piloto español del puerto de Palos, que durante muchos años había sido llamado «el piloto desconocido», y que hoy está bien identificado como Pedro Vásquez de la Frontera. Este hombre, que conversó largamente con Colón, había participado hacia 1452 en una expedición organizada por el infante Enrique el Navegante de Portugal, que al mando de Diego de Teive había zarpado de las Azores, cruzado el mar de los Sargazos y visto aves terrestres y otras señales de la proximidad de tierras, aunque sin llegar a estas, pues las corrientes los desviaron hacia el norte. Estas conversaciones confirmaron a Colón en su idea. Dejando en el monasterio a su hijo, se dirigió a Córdoba, donde se hallaban en aquel momento los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Acogido por el contador mayor Alonso de Quintanilla y el cardenal Pedro Mendoza, se le dan esperanzas de que los monarcas lo recibirán. En efecto, así sucede en enero de 1486 en Alcalá de Henares, a donde se ha trasladado la Corte. La Reina queda favorablemente impresionada. Durante el resto de ese año y los primeros meses de 1487, el proyecto es sometido por los soberanos a una Junta encargada de estudiarlo, la cual se reúne, siguiendo los desplazamientos de la Corte, en Salamanca y en Córdoba. Entre tanto, Colón vive algún tiempo en esa última ciudad, donde tiene amores con Beatriz Enríquez de Arana, con la cual no llega a casarse. La Junta de Cosmógrafos, presidida por el teólogo fray Hernando de Talavera, emitió un dictamen adverso al genovés, no porque dudasen de la esfericidad de la Tierra, sino por considerar errados sus cálculos y medidas. A mediados de 1487 los reyes recibieron a Colón en su campamento de las cercanías de Málaga y le informaron del fallo de los cosmógrafos, pero a partir de entonces recibe ayuda económica de la Corte y ensancha el círculo de sus protectores; le ayudan Talavera y fray Diego de Deza; se interesan por él cortesanos como los influyentes Luis de Santángel y Beatriz de Bobadilla, amiga íntima de la Reina. A pesar de esto, como el tiempo transcurría, Colón pensó en regresar a Portugal y Juan II le envió en marzo de 1488 un salvoconducto para hacerlo cuando quisiera. No consta que realizase este viaje. En agosto de 1488 nació su hijo y futuro biógrafo Hernando, habido en Beatriz Enríquez de Arana. En agosto de 1489 la reina Isabel recibe a Colón en Jaén y le ofrece volver a considerar su proyecto cuando haya sido tomada Granada, que era ya prácticamente el último reducto musulmán en la Península; pero Granada resiste y transcurren 2 años y medio sin que se defina el destino del genovés. En 1491 la Corte le suprime los subsidios y trata entonces de interesar en su proyecto al duque de Medina Sidonia, quien pronto se desentendió del mismo, y al duque de Medinacelli, el cual le socorrió generosamente, lo alojó en su palacio, se interesó por sus planes y estuvo a punto de emprender la empresa por su cuenta, pero avisó a la Reina y esta quiso que el proyecto fuera de la Corona. En Sevilla, durante algún tiempo, Colón vivió de la venta de libros y mapas. A fines de 1491, piensa en abandonar España y va a La Rábida, pero fray Juan Pérez y Garcí Hernández, médico y cosmógrafo de Palos le convencen de que se quede y hacen una nueva gestión ante la Corte. El primero regresa con dinero y la orden de que Colón acuda a Santa Fe, donde se hallaban los Reyes. Así lo hace y el 2 de enero de 1492, presencia la entrada de los soberanos cristianos en Granada, con lo cual termina la larga guerra de Reconquista española.

De nuevo el proyecto pasa a una Junta, de la que forman parte el cardenal Mendoza, fray Juan Pérez, Luis de Santángel y el legado papal Alejandro Geraldini. Ya no hay dificultades geográficas; el escollo está en las exorbitantes pretensiones del navegante: almirantazgo perpetuo del Mar Océano para sí y sus sucesores; virreinato y gobernación de cuantas tierras se descubrieran; la décima parte de los tesoros que se encontraran; tener la participación de una octava parte en cuantos navíos se armasen para nuevos descubrimientos y disfrute de igual proporción en las ganancias. Eran las mismas exigencias que habían asustado al rey de Portugal. Las negociaciones se hacen dificultosas y se le despide, pero se le admite de nuevo gracias a Santángel, quien convenció a Isabel la Católica, y por fin se firmaron las capitulaciones de Santa Fe, el 17 de abril de 1492. El costo total de la expedición se ha calculado entre 1.000.000 y 2.000.000 de maravedís; Las Casas habla de esta última cantidad. El financiamiento fue aportado por la Reina y Santángel, y por varios banqueros y comerciantes genoveses y florentinos, quienes le prestaron 500.000 maravedís a Colón. El puerto de Palos debía contribuir con 2 carabelas. La tripulación dispuesta a embarcarse por un mar desconocido, formada por poco más de 100 hombres, entre marineros y auxiliares, se consiguió gracias a las gestiones y el prestigio de los hermanos Pinzón. La nave almiranta, la Santa María, era propiedad del santanderino Juan de la Cosa, que iba en ella de maestre; la Niña, propiedad de Juan Niño, y capitaneada por Vicente Yáñez Pinzón; y la Pinta, en la cual iba de capitán Martín Alonso Pinzón y de piloto su hermano Francisco Martín Pinzón, propiedad de Gómez Rascón y Cristóbal Quintero, quienes también se embarcaron en la expedición. Los reyes entregaron a Colón cartas para el Gran Khan de Tartaria. Iba como intérprete un judío converso, Luis de Torres, que conocía las lenguas de Oriente. No había a bordo ningún sacerdote.

La pequeña flota partió de Palos el 3 de agosto de 1492. Llegó pocos días después a la Gran Canaria, donde repararon la Pinta, zarparon el 6 de septiembre rumbo al oeste; el viento era favorable y el mar estaba en bonanza, pero pronto empezaron las inquietudes, pues la tierra no aparecía; Colón llevaba una cuenta secreta de las leguas recorridas y no revelaba la cifra exacta, mas a pesar de esto, aumentaba el descontento. En esas circunstancias, el marino genovés se mantuvo firme y los hermanos Pinzón lo apoyaron lealmente. Durante la travesía, el día 13 de septiembre, Colón observó por primera vez y anotó en su diario de navegación el fenómeno de la declinación magnética, es decir, la no coincidencia entre el polo norte geográfico y el polo magnético hacia el cual se orientaba la brújula. En los primeros días de octubre se avistaron bandadas de aves, lo cual contribuyó a calmar a la tripulación, pues parecía anunciar la cercanía de tierras. En la noche del 11 al 12 de octubre, el marinero Juan Rodríguez Bermejo (llamado Rodrigo de Triana), creyó ver luces desde la proa de la Pinta y lanzó el grito de «¡Tierra!». A la mañana siguiente, el 12 de octubre de 1492, todos la vieron: era la isla coralina que los habitantes lucayos llamaban Guanahaní. Colón, después de bajar a tierra con los principales de sus acompañantes y de dar gracias a Dios, tomó posesión de ella en nombre de los Reyes Católicos y la denominó San Salvador. Era probablemente la actual isla Watling, en el archipiélago de las Bahamas. Luego fueron descubriendo islitas que les parecieron pequeños paraísos; el 15 arribaron a una que llamó Santa María de la Concepción; el 16, a otra más grande que denominó Fernandina; y el 19, a otra que llamó Isabela. Creía encontrarse entre las 7.000 islas que Marco Polo señala como el extremo oriental de Asia y buscaba entre aquella maraña el camino al Gran Khan. El 27, al toparse con una isla a la que los indígenas llamaban Cobba o Cuba, creyó que estaba ya en Tierra Firme, en las costas de China; después, convencido de que también era una isla, la llamó Juana. Durante las siguientes semanas las 3 carabelas recorren la costa noreste de Cuba; Colón entra en contacto con los aborígenes a quienes pregunta por señas dónde está el lugar en el cual «nace el oro» que algunos de ellos llevan como adorno en pequeños pedazos; el intérprete, cuyos conocimientos en lenguas orientales de nada sirven, es enviado al interior, infructuosamente, en busca del Gran Khan; los aborígenes les dan a entender que en otras islas hay feroces y temibles guerreros, los «canibes» o caribes, a quienes Colón toma por soldados de aquel. Convencido de hallarse en Asia, no lejos de Cipango (Japón) y de Catay (China), tierras que entonces eran generalmente conocidas en Europa como «la India» o «las Indias», llama a los hombres con quienes ha entrado en contacto «indios» y este nombre les quedará.

El 21 de noviembre Martín Alonso Pinzón, sin consultar con el genovés, se aparta con la Pinta para ir a explorar por su cuenta. El 5 de diciembre Colón se aleja de las costas cubanas y el 6 se encuentra con otra gran isla, que los aborígenes llamaban Haití y él bautiza La Española (actuales República Dominicana y República de Haití). Recorre sus costas, trata con caciques, pregunta por el oro y el Gran Khan, y cuando oye mencionar El Cibao (zona interior de la isla) interpreta que le hablan de Cipango, el actual Japón. El 25 de diciembre de 1492 la Santa María encalla en un banco de arena y no puede ser puesta de nuevo en condiciones de navegar; con sus restos, maderas, velamen, herrajes, cañones, cordaje, se construye en la costa norte de La Española el fuerte de La Navidad, donde quedan 38 hombres al mando de Diego de Arana, pariente de Beatriz; fue el primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo. El 4 de enero de 1493 Colón sale del fuerte a bordo de la Niña y el 6 encuentra a Pinzón, con quien sostiene un fuerte altercado; sin embargo, continúan juntos y el 16, emprenden el viaje de regreso a Europa. A mediados de febrero una tempestad separa a la Pinta y a la Niña. Colón logra llegar con esta a las islas Azores pocos días más tarde y el 4 de marzo de 1493 después de capear otros temporales, busca refugio en Lisboa. El rey Juan II lo recibe el día 9 en el monasterio de Las Virtudes, y pretende que las islas descubiertas le pertenecen. Colón prosigue el viaje por mar hacia su puerto de partida, el de Palos, donde desembarca el 15 de marzo. Casi al mismo tiempo llega muy enfermo Martín Alonso Pinzón, a quien las tempestades habían arrojado primero a la costa septentrional de España, y quien muere el 20 de marzo. Colón escribió a los Reyes y también a otros personajes, como Santángel y el tesorero Gabriel Sánchez; las cartas dirigidas a estos últimos fueron traducidas al latín, e impresas, con lo cual la noticia se difundió por toda Europa. Los Reyes Católicos le ordenaron que acudiese a Barcelona, donde se hallaba la Corte. El recorrido desde Sevilla con su bagaje de indios y productos exóticos fue triunfal; los reyes lo recibieron solemnemente a fines de abril, le concedieron todos los honores estipulados y al calor del entusiasmo despertado, se preparó una nueva expedición. Sin estar contento con los honores y riquezas recibidos, Colón reclamó para sí los 10.000 maravedís que le correspondían a Rodrigo de Triana, pretextando que él había visto una luz antes que el marinero. Se los dieron. Entre tanto, Isabel y Fernando, para enfrentarse diplomáticamente al monarca portugués, realizaron gestiones ante el papa Alejandro VI pidiéndole que les confirmara la posesión de las nuevas tierras.

El segundo viaje fue una expedición muy numerosa (de 17 buques y 1.200 a 1.500 hombres), entre los cuales iban hidalgos, artesanos, marineros, labradores, religiosos, futuros conquistadores, Diego Colón, hermano del Almirante, Juan de la Cosa, Álvarez Chanca, autor de una relación del viaje y Alonso de Ojeda al mando de una nave. El 25 de septiembre de 1493 zarparon de Cádiz; el 2 de octubre llegaban a la Gran Canaria; y el 5 a la Gomera, y después de una tranquila travesía de 19 días, turbada solamente por una tempestad, la flota que desde Canarias había seguido rumbo suroeste, arribó el 3 de noviembre a una isla de las pequeñas Antillas que denominó Dominica, y durante los días siguientes a las de María Galante, Guadalupe, Montserrat, Santa María la Redonda, Santa María de la Antigua, San Martín, Santa Cruz y las Once Mil Vírgenes. El 16 de noviembre, descubrió la isla Borinquen que bautizó de San Juan Bautista (Puerto Rico); el 22 llegó a La Española y el 28 encontró destruido el fuerte de La Navidad y aniquilada la guarnición. El 6 de enero de 1494 al este del fuerte, fundó La Isabela, la primera de las poblaciones españolas del Nuevo Mundo que tuvo categoría de ciudad. Ordenó el regreso a España, en busca de pertrechos, de 12 de los 17 navíos de la expedición. Entre tanto, envía a Alonso de Ojeda al interior de La Española (El Cibao) donde este encuentra oro. Después de cortar con energía algunas disensiones que surgen en La Isabela, Colón penetra tierra adentro y el 12 de marzo de 1494 funda el fuerte de Santo Tomás. Luego regresa a La Isabela para enfrentar nuevas conjuras de hidalgos, eclesiásticos y plebeyos, en las cuales intervienen los primeros militares de caballería española llegada a América, llamada «lanzas jinetas». Entre tanto, Santo Tomás es asaltada por los aborígenes, cuyo jefe Caonabo, o Caonaboa («Señor de la Casa del Oro», en su lengua) había dirigido anteriormente el exterminio de La Navidad. El fuerte resiste, y posteriormente Caonabo caerá en manos de Ojeda y morirá en poder de los españoles. Pasado el peligro, Colón reemprende el 24 de abril de 1494 la navegación en busca del Cipango; mientras recorre la costa meridional de Cuba, se desvía al sur y descubre el 5 de mayo la isla de Jamaica, a la que llamó Santiago. Regresa a Cuba y desde su extremo suroeste navega al extremo occidental y ante su gran longitud se obstina en que forma parte del continente, próxima a China y la India; el 12 de junio hace redactar una declaración de ser así y que firman todos bajo amenazas. El 22 de julio estaba de nuevo en Jamaica, cuya costa explora durante casi un mes; luego reconoce el litoral sur de La Española y regresa a La Isabela el 29 de septiembre; allí encuentra a su hermano Bartolomé, quien había llegado en junio. En La Española se había encendido la guerra por la alianza de 4 caciques; Colón y su hermano Bartolomé derrotan a los indios en la Vega y les imponen un tributo que ha sido considerado como el punto de partida de los repartimientos. Según su hijo Hernando, el genovés estuvo gravemente enfermo en La Isabela desde fines de septiembre de 1494 hasta febrero de 1495. Colón decide entonces regresar a España; pero antes hace erigir 7 fortalezas y encomienda a su hermano Bartolomé, a quien deja como gobernador, la fundación de una ciudad. Zarpa el 10 de marzo de 1496 y llega a Cádiz el 11 de abril; uno de los buques en que vuelve, La India, había sido construido en La Española y fue el primero hecho en América que llegó a España. Pocos meses después Bartolomé cumple su mandato y el 5 de agosto de 1496, funda la ciudad de Santo Domingo, que pronto se convierte en la más importante del Nuevo Mundo. Según el historiador Juan Manzano Manzano, en este segundo viaje Colón habría realizado, desde mediados de noviembre de 1494 hasta mediados de enero de 1495, una exploración que de La Española lo llevó directamente a las costas del Brasil, al norte del río Amazonas, y luego siguiendo de regreso por el litoral brasileño, de las Guayanas y de Venezuela habría pasado ante la desembocadura del Orinoco, navegado entre Trinidad y Tobago, tocado en la costa de Paria, avistado las «islas de las Perlas» (Cubagua y Margarita) y al poner de nuevo rumbo hacia La Española, habría descubierto las «islas de los caníbales», como Granada, San Vicente, Martinica. El Almirante habría mantenido en secreto este viaje; todo esto es una hipótesis no demostrada. Volviendo Colón a España, en abril de 1496, fue bien recibido por los reyes en Burgos en el otoño de ese año y se le confirmaron sus privilegios, pero Fernando e Isabel dejan de tener confianza ciega en él y en sus promesas; desean utilizar su pericia como navegante y explorador, pero apartarlo en lo posible del gobierno de La Española. La impresión general era que el descubrimiento, al no hallar oro ni mercaderías valiosas, había sido un fracaso.

A pesar de los recelos de los monarcas, en abril de 1497 se empezó a preparar otra expedición. Con apoyo de la Corona, el Almirante logró equipar 6 naves, en las cuales habían de embarcar no solo soldados y marineros sino también labradores, artesanos y menestrales de diversos oficios; debían introducir cultivos, como la caña de azúcar y establecer repartimientos de tierras entre los pobladores. Cuando se acercaba el momento de la partida. Colón instituye el 22 de febrero de 1498 un mayorazgo a favor de su hijo primogénito Diego, donde se declara genovés, y hace un depósito en un banco de su ciudad natal a beneficio de sus familiares y conciudadanos. Zarparon los 6 navíos el 30 de mayo de 1498 de Sanlúcar de Barrameda. Se deseaba conocer la ubicación de las islas descubiertas, que muchos consideraban ya que no eran de los reinos citados por Marco Polo en el Extremo Oriente, y la posición exacta respecto a la línea de demarcación establecida por el Tratado de Tordesillas con Portugal. La flota hizo escala en Madeira y en la Gomera, donde se abasteció, y dividió la expedición: 3 navíos fueron directamente a La Española y Colón, con una nao y 2 carabelas, siguió un rumbo más meridional, quizás con la idea de que hacia el ecuador había mayores riquezas; llegó hasta la isla de Cabo Verde, de allí no pudo seguir más al sur como quería para ir al oeste bajo el ecuador; pero ayudado por la corriente ecuatorial del norte, el 31 de julio descubrió la isla de Trinidad; bordeando la parte meridional de la isla vio el delta de un gran río, a cuyo lugar llamó Isla Santa y la costa hoy venezolana. El 2 de agosto de 1498 entra en el golfo de Paria por la boca de Serpiente, descubriendo de esta forma el continente suramericano; observa la fuerza de la corriente del Orinoco, que desemboca allí y endulza gran trecho del mar; explora la parte sur del golfo, llamando Isla de Gracia a la península de Paria. El 5 de agosto se efectúa el primer desembarco en Tierra Firme, pero aún no se tiene seguridad de si Colón bajó a tierra personalmente o no. Tradicionalmente, se considera que el lugar del desembarco es la ensenada de Macuro, en la desembocadura del actual río San Juan, donde hoy se halla Puerto Macuro. Los nativos los recibieron muy amistosamente; los ríos y la vegetación exuberante que vio le impresionaron tan profundamente que imaginó estar próximo al paraíso terrenal. El 13 de agosto cruzó el estrecho de la Boca de Dragos y recorrió la parte norte de Paria y continuó por la costa hacia occidente, probablemente hasta Araya, descubriendo las islas de Margarita, Coche y Cubagua, aunque no bajó en ellas. El 15 de agosto enrumbó hacia el norte y se dirigió a La Española. A su llegada encontró a la población dividida por la sublevación de Francisco Roldán y un descontento general por la frustración de no haber hallado riquezas; pactó con los rebeldes y se dispuso a obtener beneficios con la venta de esclavos, enviando a España unos 300. Enterados los reyes de la situación de La Española, decidieron enviar en 1499 al comendador Francisco de Bobadilla para hacerse cargo de la gobernación y administrar justicia. Este llegó a Santo Domingo el 23 de agosto de 1500 y al día siguiente tomaba el gobierno de la Colonia; Colón fue hecho preso y enviado encadenado a España, adonde llegó el 25 de noviembre de 1500. Los monarcas lo recibieron con todos los honores en Granada y le restituyeron en sus prerrogativas pero no en su gobierno.

No obstante la reserva de los reyes, Colón fue autorizado, en octubre de 1501, a preparar otra expedición, pero como aquellos estimaban peligrosa la presencia del Almirante en la colonia, con toda delicadeza apartaron de su ruta La Española. La flota, de 4 navíos, partió de Cádiz el 9 de mayo de 1502. Acompañaban al Almirante su hermano Bartolomé y su hijo Diego. Luego de la escala en Canarias, de donde salió el 25 de mayo, siguió hacia al suroeste con el propósito de descubrir un paso al oeste de las Antillas que lo llevara al Extremo Oriente; el 15 de junio estaba frente a Martinica; llegó a San Juan de Puerto Rico y quiso pasar a La Española, pero se lo prohibió el nuevo gobernador Nicolás de Ovando; el 14 de agosto de 1502, llegaba a Tierra Firme, el sitio que después se llamaría Honduras; fue recorriendo el istmo suramericano hacia el sur, bordeando Nicaragua y Costa Rica hasta llegar a Veragua, en las costas panameñas, donde intentó fundar una ciudad, Río de Belén, en enero-febrero de 1503, pero esta no prosperó. Colón perdió 2 barcos y con los otros 2 muy averiados llegó a Jamaica, en cuya costa hubo que encallarlos en junio de 1503; permaneció en esta isla algo más de un año. Ovando le mandó socorros y por fin, pudo pasar a La Española el 28 de junio de 1504; el gobernador lo recibió muy bien, pero no le devolvió la jurisdicción. El 13 de septiembre siguiente, salió hacia España y el 7 de noviembre de 1504 desembarcaba Colón en Sanlúcar de Barrameda, para no navegar ya más.

A su llegada, el Almirante encontró el país sumido en una gran depresión. Isabel, su protectora, se estaba muriendo en Medina del Campo, y en Castilla comenzaba el problema de la sucesión a la Corona. A pesar de que venía muy enfermo, Colón partió hacia la Corte, dispuesto a defender sus prerrogativas políticas y económicas, pero durante su viaje falleció la Reina. Colón fue recibido amablemente por el rey regente Fernando, pero este no estaba dispuesto a cumplir las Capitulaciones de Santa Fe, pues no quería entregar tan inmensos territorios a una persona que él juzgaba carente de dotes de gobierno y de sentido práctico; tampoco Colón estaba dispuesto a ceder un punto de lo que con razón, consideraba sus derechos; su esperanza se cifraba en el joven príncipe Felipe el Hermoso, que ocuparía el trono de Castilla, a quien escribió, pero antes de poder entrevistarse con el nuevo monarca, Colón murió en Valladolid, después de haber hecho testamento. Sus restos fueron depositados en la Cartuja de las Cuevas y trasladados en 1536 a la catedral de Santo Domingo; en 1795, pasaron a la de La Habana y finalmente, en 1899, a la de Sevilla. Sin embargo, en Santo Domingo afirman que los verdaderos restos del descubridor todavía siguen allí. 

Autor: Pedro Reixach Vila
Bibliografía directa: Colón, Cristóbal. La carta de Colón: anunciamiento del descubrimiento del nuevo mundo. Madrid: Edición Anaya, 1992;--. Los cuatro viajes: testamento. Madrid: Alianza Editorial, 1986;--. El descubrimiento de América: diario de navegación. Santiago de Chile: Ediciones Ercilla, 1942;--. Descubrimiento del continente americano: relación del tercer viaje por Cristóbal Colón. [Madrid: Gráficas Yagues, 1962];--. Diario de a bordo y primeras cartas del descubrimiento. Madrid: Ed. Casariego, 1991;--. Libro de las profecías. Madrid: Alianza, 1992.
Bibliografía indirecta: Alponte, Juan María. Cristóbal Colón: un ensayo histórico incómodo. México: Fondo de Cultura Económica, 1992; Ballesteros Gaibrois, Manuel. Cristóbal Colón. Madrid: Breviarios de la vida española, 1943; Barceló F. de la Mora, José Luis y José Luis Carcelo Mezquita. Summa Colombia: diccionario enciclopédico de Colón. Sevilla: Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1990; Benton, Frederick. La última sepultura de Cristóbal Colón. Santo Domingo: Impresora Dominicana,1953; Casas, Bartolomé de las. Vida de Cristóbal Colón. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1992; Colón, Fernando. Vida del almirante don Cristóbal Colón. México; Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, [1947]; Eslava Galán, Juan. El enigma de Colón y el descubrimiento de América. Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, 1992; Gabaldón Márquez, Joaquín, comp. Descubrimiento y conquista de Venezuela. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1962. 2 Vol.; Gandía, Enrique de. Historia de Cristóbal Colón. Buenos Aires: Claridad, 1942; Humboldt, Alexander Von. Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Caracas: Monte Ávila, 1992; Jurado Toro, Bernardo. Cristóbal Colón y Venezuela: Moruro primer lugar de tierra firme. Caracas: Compañía Venezolana de Navegación, 1992; Lollis, C. de. Raccolta di documenti e studi pubblicati dalla R. Commissione Colombina nel quarto centenario della Scoperta dell'America. Scritti di Christophoro Colombo. Roma: Real Comisión Colombina, 1892-1894. 12 Vol.; Madariaga, Salvador de. Vida del muy magnífico señor don Cristóbal Colón. 11a ed. Buenos Aires: Sudamericana, 1992; Manzano y Manzano, Juan. Colón descubrió América del Sur en 1494. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1972;--. Colón y su secreto. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1976;--. Cristóbal Colón: siete años decisivos de su vida. 1485-1492. 2a ed. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1989; Morrison, Samuel Eliot. El almirante de la mar océano: vida de Cristóbal Colón. Buenos Aires: Librería Hachette, 1945; Pérez Embid, Florentino y Charles Verlinden. Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Madrid: Ediciones Rialp, 1967; Ramos Pérez, Demetrio. El conflicto de las lanzas jinetas: el primer alzamiento en tierra americana durante el Valladolid: Casa-Museo de Colón, 1982;--. La Valladolid: Casa-Museo de Colón, 1986;--. Por qué tuvo Colón que ofrecer su proyecto a España. Valladolid: Casa-Museo de Colón, 1973; Real Academia de la Historia (España). Bibliografía Colombina: enumeración de libros y documentos concernientes a Cristóbal Colón y sus Madrid: Establecimiento Tip. de Fortanet, 1892;--. Los restos de Colón: informe de la Real Academia de la Historia... Madrid: Imprenta de M. Tello, 1879; Sánchez Mc Gregor, Joaquín. Colón y Las Casas: poder y contrapoder en la filosofía de la historia latinoamericana. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1991; Taviani, Paolo Emilio. Cristóbal Colón: génesis del gran descubrimiento. Roma: Instituto Geográfico de Agostini, 1983;--. Las bocas del Orinoco: el segundo gran descubrimiento. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1985; Tosta Ojeda, Héctor. Cristóbal Colón y Alonso de Ojeda en Venezuela: cuarto viaje de Cristóbal Colón. Asunción: Embajada de Venezuela en Paraguay, 1970; Varela, Consuelo. Cristóbal Colón: retrato de un hombre. Madrid: Alianza, C. 1992; Vegas Pagan, Ernesto. El almirante: la extraordinaria saga de Cristóbal Colón. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1990; Venezuela, ministerio de relaciones exteriores Cenizas de Colón en Venezuela. Caracas: El Ministerio, 1941.
Bibliografía iconográfica: Bibliografía iconográfica: Núñez Jiménez, Antonio. El Almirante de los cien rostros. Madrid: Universidad Politécnica de Madrid-Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, 1991.
Iconografía: Es poco probable que se hayan hecho retratos de Cristóbal Colón del natural, sin embargo existen varios según algunos pintados en vida del Almirante: el de Antonio del Rincón, ejecutado entre el segundo y el tercer viaje (1493-1498), conservado en la biblioteca privada de los reyes de España, en el Palacio de la Zarzuela (Madrid), y el de Lorenzo Lotto, pintado al óleo en 1501, existente en el Museo Naval de Madrid. Vistos estos antecedentes, debe señalarse de entrada que la producción iconográfica colombina comienza de lleno a partir del siglo XVI, una vez desaparecido el genovés y entendida la trascendencia de sus viajes. Entre las obras más importantes de esta centuria destacan las siguientes: el retrato realizado por Sebastián del Piombo en 1519, exhibido en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York; el de Francisco Mazzuola, fechado en Parma en 1527, expuesto en el Real Museo Borbónico de Nápoles; el grabado de Antonio More, probablemente de 1570, conservado en el Museo de Cluny de París; un grabado de autor desconocido, publicado por primera vez en el libro de Andrés Thévet, Portraits et vies des hommes ilustres (París, 1584); el grabado de Pablo Giovo, aparecido en el frontispicio de la obra Elogia virorum bellica virtute illustrium (Basilea, 1596); el de Aliprando Capriolo, dado a conocer en el libro Cento capitani ilustri (Roma, 1596); un retrato de autor desconocido, de quien algunos críticos han dicho que se trata de un pintor florentino del siglo XVI, adquirido por el gobierno español a un coleccionista de Granada de apellido Yáñez en 1763, actualmente expuesto en la Biblioteca Real de Madrid; el retrato de Rodolfo Ghirlandaio, pintado también en esa centuria, existente en el Museo Naval de Pegli en Génova, y por último, uno atribuido a Tiziano o a su discípulo Domenico Campagnola, exhibido en la Galería de Vicenza, en Italia. Del siglo XVII destacan el grabado de Honorio Philoponus, publicado en la obra Novatypis transada navigatid (1621) y el retrato de Lucca Giordano, sin fecha precisa pero realizado durante esa centuria, conservado en el Palacio de Génova, en Italia. Del siglo XIX existe un medallón ejecutado por Giuseppe Colendo, aparecido en el libro de Francesco de Cancellieri, Notizie storiche ebibliophiche di Christoforo Colombo di Cuccaro nel Monferrato (Roma, 1809); un óleo de Charles Legrand, pintado en 1838, existente en el Museo Naval de Madrid; otro de José María Obregón, ejecutado en 1856 y exhibido en el Museo Nacional de México, y por último, el de Antonio Cabral, sin fecha precisa pero con seguridad de ese siglo, conservado en el Convento de La Rábida, en España. 
Volver al tope
desarrollado por iKels