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Conquista

Por conquista se entiende el proceso en el transcurso del cual grupos de europeos, especialmente españoles (o, en todo caso, súbditos del monarca que reinaba en España) ocupan el territorio de la actual Venezuela, fundan en él núcleos poblacionales, someten a los aborígenes o los rechazan hacia la periferia e implantan las instituciones y los modos de vida propios de la metrópoli, tales como la religión, el idioma, las leyes y formas jurídicas, introduciendo nuevos conceptos y hábitos culturales, políticos, económicos y sociales. También a lo largo de este proceso echa raíces profundas el mestizaje biológico y cultural de indígenas, europeos y africanos que se prolongará en el tiempo y llegará a formar el pueblo venezolano. Aunque el dominio físico del territorio no se completará de hecho sino en el siglo XX (como lo demuestran el caso de los barís o motilones y el descubrimiento de las fuentes del Orinoco), puede considerarse que desde el punto de vista jurídico y en términos generales la conquista realizada por los españoles está bien afirmada hacia comienzos del siglo XVII, cuando existen ya las principales ciudades venezolanas y la resistencia de los grupos indígenas, salvo los caribes de la Orinoquia y los jiraharas de la región de Nirgua, ha sido quebrantada.

La conquista se lleva a cabo principalmente por la fuerza de las armas, con el auxilio de poderosos y temibles animales como caballos y perros de presa, pero también emplean los europeos la persuasión y el engaño, y se valen del comercio basado en el trueque (o «rescate») para atraer a los indígenas y entablar relación con ellos. La denominada «conquista espiritual», realizada por sacerdotes, adopta métodos pacíficos para evangelizar a los habitantes del Nuevo Mundo, pero en el caso de Venezuela su tarea se verá obstaculizada desde el comienzo por la violencia con que actúan los conquistadores ávidos de riquezas, que en muchos casos capturan a los indios para venderlos como esclavos. En la relación inicial entre americanos y europeos, en tierras de Venezuela, se presenta toda la gama de actitudes posibles cuando se produce el encuentro de grupos humanos pertenecientes a culturas tan diferentes, cuyos valores espirituales y económicos eran contrapuestos. El indígena sentiría curiosidad y admiración, pero también desconfianza y temor, ante el recién llegado. En unos casos le brinda buena acogida y colabora con él. En otros casos, huye. En otros, lo ataca. A veces, los abusos del conquistador hacia el indio pacífico hacen que este se vuelva hostil o que aproveche cualquier ocasión para alejarse de aquel. Las principales bases de las primeras expediciones conquistadoras destinadas a Venezuela son los puertos del sur de España, las islas Canarias y las Antillas, en especial Puerto Rico y la isla La Española (Santo Domingo). Al comienzo, los grupos de comerciantes o las huestes de guerreros y pobladores que llegan a Venezuela y a las islas inmediatas están constituidos por españoles, alemanes, italianos, que a veces provienen directamente de la Península Ibérica o de las Canarias pero otras tienen ya adquirida experiencia «indiana» en las Antillas o en México y América Central. En general, los hombres son mucho más numerosos que las mujeres. Ya avanzado el proceso, hacia mediados del siglo XVI, empiezan a figurar los llamados «mancebos de la tierra», criollos o mestizos nacidos en algún lugar del Nuevo Mundo, y aumenta algo el número de mujeres españolas. A partir de 1580, ya a fines del proceso, participan portugueses debido a la unión dinástica de España y Portugal en la persona de Felipe II. La conquista del territorio no se debió a expediciones militares organizadas y enviadas por la monarquía española, sino a la acción de particulares. Esta podía ser espontánea, sin previa autorización de la Corona, cosa que sucedía rara vez; tal fue la ocupación de la isla de Cubagua y el establecimiento allí de una ranchería provisional de los pescadores de perlas que más tarde se convertiría en la ciudad de Nueva Cádiz. En otros casos, los interesados procedían a obtener el permiso del Rey, mediante una capitulación en la cual se especificaban las obligaciones de parte y parte, como lo hicieron los Welser con Carlos V; estas capitulaciones, debido a la forzosa imprecisión que ofrecían en cuanto al ámbito geográfico, fueron fuente de desacuerdos y pleitos entre conquistadores. Más adelante, las audiencias americanas (Santo Domingo y Santafé de Bogotá, para el territorio venezolano) recibieron de la Corona facultades para autorizar expediciones de exploración, conquista y poblamiento; así, mientras que el mestizo Francisco Fajardo llevó a cabo por su cuenta sus 2 primeras expediciones a la costa de los Caracas (1555,1557-1558), para la tercera (1559-1560) viajó a Santo Domingo a fin de obtener la autorización de la Audiencia.

Antecedentes de la conquista

El proceso de conquista, entendida esta como dominio de los europeos sobre el territorio y sobre sus habitantes indígenas, estuvo precedido a fines del siglo XV y en la primera década del XVI por el descubrimiento de Venezuela llevado a cabo en 1498 por Cristóbal Colón (tercer viaje colombino) y las sucesivas exploraciones del litoral y sus islas que en los años inmediatamente siguientes realizaron Cristóbal Guerra, Vicente Yáñez Pinzón, Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa, Américo Vespucio. Son los que el historiador Demetrio Ramos Pérez ha denominado apropiadamente «viajes de descubrimiento y rescate». Fueron sobre todo, navegaciones de reconocimiento, en busca de oro y perlas y también de un paso hacia Cipango (Japón) y Catay (China) que se creía estaban cercanas. Se abrió así un breve pero intenso período de «rescate» (trueque) con los indios, a quienes entregaban abalorios y objetos, como cuchillos, a cambio de perlas y metales preciosos. En 1502, Alonso de Ojeda, titulándose gobernador de Coquivacoa, fundó en tierras de Venezuela el pueblo de Santa Cruz de Coquivacoa, cuya ubicación exacta está aún en discusión; serias investigaciones lo sitúan a orillas del golfo de Venezuela, en la zona de Cocinetas de la costa oriental de la Guajira, pero también se ha planteado la posibilidad de que estuviese situado en la península de Paraguaná. Su existencia, en todo caso, fue breve; aunque Ojeda llevaba consigo varios matrimonios con intención de poblar y establecer así una base de penetración, Santa Cruz fue abandonada a los pocos meses, al ser puesto preso Ojeda por miembros de su propia hueste.

Las vías de penetración en el territorio

Cuatro fueron las principales vías de penetración a través de las cuales se llevó a cabo la conquista de Venezuela. La primera, en la zona oriental, arrancó a mediados de la segunda década del XVI; tuvo su asiento inicial en las islas de Margarita y de Cubagua -sobre todo en ésta al comienzo- y luego se extendió a Cumaná en la costa y de allí tierra adentro; el Orinoco fue también en la misma región una vía de acceso temprana, si bien no dio como resultado asentamientos hispanos durante mucho tiempo. La segunda, por el occidente, empieza a comienzos de la década de 1520 con la presencia en las islas de Los Gigantes (Curazao, Araba, Bonaire) de los agentes de Juan de Ampies y la fundación por un hijo de a este de Coro, en tierra firme, en 1527; con la llegada de Ambrosio Alfínger y de los otros gobernadores alemanes nombrados por los Welser se inicia la exploración del territorio, que da por resultado la primera fundación de Maracaibo (1529) y la de otras poblaciones en la costa de Río Hacha, más allá del Cabo de La Vela, y en 1545, ya por el español Juan de Carvajal, la de El Tocuyo; desde esta ciudad, situada tierra adentro, la conquista se abrirá en abanico hacia Borburata, Barquisimeto, Valencia, Trujillo. Años antes uno de los gobernadores alemanes, Nicolás de Federmann, partiendo de Coro, había llegado en 1539 a la Sabana de Bogotá, donde le había precedido Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Santa Fe de Bogotá. La tercera vía de penetración en el actual territorio de Venezuela fue bastante más tardía que las 2 ya mencionadas, pues empezó a fines de la década de 1550, procedente de Tunja y Pamplona en la Nueva Granada (hoy Colombia) y penetró en la región de los Andes venezolanos, dando origen sucesivamente, a las ciudades de Mérida, San Cristóbal, La Grita y Altamira de Cáceres (Barinas). La cuarta vía, ya hacia fines del siglo XVI, bajaba del altiplano bogotano, y seguía por los llanos del Meta y el Orinoco, en las expediciones acaudilladas por Antonio de Berrío. Entre estas diversas fuerzas de conquista del actual territorio de Venezuela se produjeron encuentros que unas veces generaron hostilidad y otras fueron resueltos pacíficamente. En la década de 1540 los vecinos de Cubagua, después de haber agotado los ostrales de la zona, se trasladaron al Cabo de La Vela y a Río Hacha en busca de placeres intactos. A fines de la década de 1550 entre Mérida y Trujillo se enfrentan los conquistadores que suben de Coro y El Tocuyo con los que bajan de los Andes. En 1561, ante la amenaza que representa el Tirano Lope de Aguirre, los vecinos de las 3 primeras vías de penetración mencionadas unen sus fuerzas para combatirlo. En la conquista del valle de los caracas, en la región central, convergen los margariteños de Francisco Fajardo y los tocuyanos de Diego de Losada. Desde la lejana Santa Fe de Bogotá Antonio de Berrío llega a las bocas del Orinoco y de allí pasa a la isla Margarita, cuyos pobladores no ven con agrado su presencia.

El oriente: Cubagua, Orinoco, Margarita

La seca y estéril isla de Cubagua fue el principal punto focal de la conquista inicial del oriente venezolano. Allí acudieron espontáneamente aventureros y empresarios, desde España o desde sus establecimientos de las Antillas Mayores, atraídos por la riqueza perlífera de sus aguas. Hacia 1513-1515 existen en la isla rancherías provisionales; poco a poco se convierten en asentamiento permanente y en 1520 empiezan a tomar aspecto de ciudad. Las ostras perlíferas parecen inagotables. Indígenas traídos a la fuerza desde la isla de Margarita, la cercana costa continental y el lejano archipiélago de las Lucayas bucean incesantemente. En las playas se amontonan las conchas vacías a medida que crece la población y que aumenta la riqueza. Cubagua se sustenta del agua y la leña que le llegan del continente y del maíz y el casabe traídos de Margarita. Alrededor de 1515 se habían establecido en el frontero litoral continental frailes dominicos y franciscanos, que empezaron la conquista espiritual, pero los desmanes de los cazadores de indios desencadenan en 1520 una rebelión indígena, que destruye los conventos y corta aquel proceso evangelizados. Tampoco prospera en 1521 el intento de Gonzalo de Ocampo para fundar río Manzanares arriba, la ciudad de Nueva Toledo. En cambio, Jácome de Castellón logra establecer a fines de 1522 y comienzos de 1523 una fortaleza en la boca del río. Tales son los orígenes lejanos de la ciudad de Cumaná. Entre tanto, la población asentada en Cubagua sigue prosperando y en 1528 recibe de Carlos V el título de ciudad, con el nombre de Nueva Cádiz. Florece el comercio con las Antillas Mayores y con España. Piratas franceses amenazan a la isla, atraídos por la fama de sus riquezas. Allí y en la vecina Margarita una culta sociedad renacentista escribe versos, hace música, lee a Erasmo y a Boccaccio, sin olvidar el negocio de las perlas; los magnates cubagüenses poseen esclavos negros que, como capataces, vigilan a los indios, y en algún caso tienen esclavas moriscas. Además de la iglesia, se empieza la construcción de un convento franciscano. La intensiva explotación de los placeres perlíferos, para lo cual se usan a veces aparatos llamados «rastras», los va agotando rápidamente a partir de 1534. La economía languidece. Los vecinos organizan expediciones para buscar ostrales vírgenes y los hallan en el Cabo de la Vela, adonde se trasladan muchos habitantes a comienzos de la década de 1540. Otros se van a la vecina Margarita y se dedican a la agricultura, la ganadería y la pesca. Nueva Cádiz se va despoblando y a fines de 1541, un fenómeno telúrico o meteorológico (maremoto o ciclón) acelera su decadencia. En 1545 solo ruinas quedan de su pasado esplendor. También la fundación cumanesa de Jácome de Castellón desapareció por entonces: en 1550 el obispo de Puerto Rico, Rodrigo de Bastidas, escribía que «...las iglesias de Cubagua y de Maracapana y Cumaná en tierra firme [...] ya no existen por haberse despoblado». De este modo, con la desaparición de Nueva Cádiz fracasaron también los primeros intentos de penetración y asentamiento en la costa oriental de Venezuela. Mientras las pesquerías de Cubagua se hallaban aún en plena actividad, un antiguo compañero de Hernán Cortés en México, Diego de Ordaz, obtuvo en 1530 de la Corona de España una capitulación para explorar la región de Paria. A mediados de 1531 su expedición entró en el Orinoco, destruyó el poblado aborigen de Huyaparica o Uyapar y siguió río arriba hasta que los raudales les impidieron continuar. Fue la primera incursión española en la región de Guayana. En sus contactos con los indígenas tuvieron noticia de «la provincia del Meta», muy rica y poblada, más allá de las montañas. Así se fue forjando el mito de El Dorado. Regresaron al litoral, y habiendo muerto Ordaz en 1532 le sucedió como gobernador de Paria Jerónimo de Ortal (o Dortal), cuyo teniente Alonso de Herrera penetró nuevamente por el Orinoco en 1534 y llegó al río Meta, donde murió a manos de los indios. A mediados de 1535 la expedición había regresado a la costa. Otros intentos posteriores, como el capitaneado por Antonio Sedeño, no tuvieron mejor éxito.

Durante los años 1530-1550 la presencia hispana en el oriente se concentra en la isla Margarita, cuyos habitantes autóctonos, los guaiqueríes, habían recibido amistosamente a los españoles cuando estos empezaron a frecuentar sus costas hacia 1510-1520. No hubo allí enfrentamiento armado. En 1525, el oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo, Marcelo Villalobos, había obtenido de Carlos V, mediante una capitulación, la autorización para colonizar y gobernar la isla, pero murió al poco tiempo y el monarca extendió la merced de la gobernación a su hija Aldonza Villalobos; siendo esta menor de edad, asumió la tutoría y el derecho al mando su madre, la viuda del oidor, Isabel Manrique de Villalobos. Aunque ninguna de las 2 ejerció personalmente la gobernación de Margarita, sino a través de parientes suyos o de tenientes de gobernador varones, la dinastía Villalobos-Manrique mantuvo en sus manos el dominio de la isla hasta fines del siglo XVI, cuando en 1593 murió combatiendo contra unos piratas el gobernador Juan Sarmiento de Villandrando, biznieto de Marcelo Villalobos. Los sucesivos tenientes de gobernador enviados desde Santo Domingo a partir de 1526 por el oidor Villalobos (quien murió ese año) y luego por su viuda, empezaron la construcción de una fortaleza y una iglesia en la costa meridional, dando origen a la primera población hispana de la isla; fue el Pueblo de La Mar (Porlamar) que ya estaba organizado en 1534 y en marzo de 1536 fue bautizado por el padre Francisco Villacorta con el nombre de Villa del Espíritu Santo, siendo colocado el templo bajo la advocación de La Asunción. Durante esos años Isabel y Aldonza tuvieron que litigar contra los vecinos de Nueva Cádiz de Cubagua, quienes pretendían ejercer dominio sobre la Margarita y lo consiguieron por unos años; pero en 1542 Aldonza (que se había casado con el perulero Pedro Ortiz de Sandoval) ganó el pleito. Entre tanto, en la isla, los habitantes españoles y criollos que tenían sementeras en el valle central edificaron allí sus casas, de modo que poco a poco se formó un núcleo que hacia 1545 era conocido como «pueblo de Santa Lucía» y fue el origen de la actual capital del estado Nueva Esparta, La Asunción. Los indígenas de la isla, aunque trabajaban para los españoles y criollos, eran vasallos del Rey y no fueron sometidos al régimen de la encomienda.

La fundación de Coro y la penetración por el occidente

La segunda de las grandes vías de la conquista, la del occidente, empezó a activarse algo después de la oriental, pero en unos 30 años, de 1527 a 1558, logró penetrar profundamente tierra adentro y dio origen a varias ciudades que perduraron. Desde su sede de Santo Domingo, el factor real Juan de Ampies se interesó por las llamadas islas de Los Gigantes (Curazao, Araba y Donaire) y obtuvo en 1520 del gobernante Rodrigo de Figueroa la misión de guardarlas y poblarlas con españoles e indios, procedentes estos de otras islas y de Tierra Firme; en 1521 el almirante-virrey de La Española, Diego Colón, le otorgó su protección, prohibiendo que los españoles esclavizasen a los indios de las islas concedidas en señorío a Ampies; en 1526, la Corona confirmó esas mercedes. Durante aquellos años el factor, sin salir él mismo de Santo Domingo, envió varios buques con agentes suyos que se radicaron en Curazao, Araba y Bonaire, donde cortaron palo brasil y llevaron a ellas o alentaron a establecerse allí a caquetíos y otros indígenas que las habían abandonado por temor a los esclavistas españoles; en Santo Domingo, Ampies compró caquetíos esclavizados, se informó por ellos de la situación en la región coriana y los devolvió libres a su tierra. Esta política de pacificación y acercamiento le ganó la confianza del poderoso cacique Manaure, quien le mandó emisarios ofreciéndole su amistad. A mediados de 1527 el factor envió a Tierra Firme con una nave y gente de a pie y a caballo a su hijo homónimo Juan de Ampies, quien estableció una casa fuerte-almacén en la costa del golfete de Coro y en julio de ese año fundó la población de Santa Ana de Coro como pueblo mixto en el cual vivían lado a lado españoles e indígenas, regidos estos por Manaure. No era una fundación oficial, con Cabildo (para lo cual no estaba facultado) ni una conquista militar, sino un proceso de convivencia y captación. En noviembre de 1528 el factor Ampies (en nombre del cual había venido actuando su hijo) llegó al golfete de Coro con unos 50 españoles, entre ellos uno o varios sacerdotes, y se entrevistó con Manaure, quien fue bautizado, igual que muchos otros indígenas, recibiendo el nombre cristiano de Martín. Pero el 24 de febrero de 1529 llegó el gobernador alemán Ambrosio Alfínger, como agente de los Welser, que en 1528 habían capitulado con Carlos V el poblamiento y la explotación de la provincia de Venezuela; acatando la voluntad real, Ampies se retiró, no sin antes sufrir prisión por orden del recién llegado, quien hizo edificar a Coro como ciudad de españoles, con Cabildo, en el lugar donde estaba la casa fuerte. Hacia 1532 el cacique Manaure y su gente, cansados de los malos tratos que recibían de los europeos, abandonaron el poblado de Todariquiba y se internaron tierra adentro. Dos años más tarde los vecinos de Coro decidieron trasladarla al lugar donde la había fundado Ampies hijo en 1527. Coro se convirtió así en el primer asentamiento estable de la Tierra Firme venezolana, cabeza de la gobernación y sede, a partir de 1531, de la diócesis de Venezuela, cuyo primer titular fue el obispo Rodrigo de Bastidas. El desarrollo de Coro como centro urbano fue lento, pero su existencia proporcionó una base para la exploración del interior. A los pocos meses de haber llegado, Alfínger salió con una buena parte de su hueste, incluyendo mujeres y niños, a fin de fundar otra población, lo cual hizo hacia septiembre de 1529 en la orilla occidental del lago de Maracaibo, después de haberlo cruzado. Fue la primera ciudad de Maracaibo, que duró muy poco, pues en octubre de 1535 Nicolás de Federmann (sucesor de Alfínger, muerto 2 años antes a manos de los indígenas) la despobló, llevándose la gente al asentamiento que llamó Nuestra Señora de los Remedios, en la costa occidental de la Guajira, origen lejano de la actual ciudad de Río Hacha (Colombia). Durante varios años Coro fue la única ciudad del occidente venezolano, pues Federmann y los demás gobernadores y agentes enviados por los Welser, alemanes y españoles unidos con numerosos mineros de aquella nacionalidad, recorrían el territorio en busca de vetas auríferas y del mítico Dorado, rescatando oro de los indígenas o esclavizándolos, pero sin fundar poblaciones estables; fue así como Federmann atravesó los llanos, tramontó los Andes y llegó a comienzos de 1539 a la sabana de Bogotá, donde encontró que se le había adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada. La primera ciudad perdurable de tierra adentro venezolana será El Tocuyo, fundado a fines de 1545 por Juan de Carvajal. El año siguiente este entra en conflicto con los representantes de los Welser, Felipe de Hutten y Bartolomé Welser, a quienes apresa y hace matar cuando regresaban a Coro. Un juez de residencia enviado por la Audiencia de Santo Domingo, el licenciado Juan Pérez de Tolosa, llega a El Tocuyo, arresta a Carvajal, lo enjuicia por esas muertes, lo condena y hace ahorcar en septiembre de 1546. Con tan sangrientos episodios se cierra, de hecho, el período de los Welser en Venezuela.

Hija de Coro, la ciudad de El Tocuyo será a su vez un semillero de nuevas ciudades. La primera es Borburata, situada en las cercanías (y tal vez en el mismo lugar) de la actual Puerto Cabello. En 1547, por orden de Pérez de Tolosa, su teniente de gobernador Juan de Villegas marcha con su hueste, y llega a orillas del lago de Tacarigua (lago de Valencia) en diciembre; atraviesa luego la serranía y el 24 de febrero de 1548 redacta, ya en la costa, un acta donde se declara fundada Nuestra Señora de la Concepción de Borburata. Pero sin poner en práctica la fundación, Villegas y sus compañeros regresan a El Tocuyo, si bien se juramentan para volver nuevamente. En efecto, en noviembre de 1549, Villegas comisiona a Pedro Álvarez, quien marcha desde El Tocuyo con una expedición que incluye varias mujeres, y se establece en el sitio de la Borburata. Finalmente, en abril de 1551 Villegas en persona se dirige allí y organiza el Cabildo, con lo cual queda perfeccionada la fundación de la ciudad. Aunque la antigua Borburata quedó despoblada unos 20 años más tarde, a comienzos de la década de 1570, el proceso de sus orígenes muestra cómo no siempre coinciden en el tiempo la exploración del terreno, el asentamiento efectivo y los requisitos jurídicos, en la fundación de una ciudad. El mismo Juan de Villegas fue el fundador de la segunda ciudad hija de El Tocuyo, la Nueva Segovia de Barquisimeto, en 1552. Su origen se debió a la existencia de vetas auríferas y de pepitas de oro en la zona del río Buría, donde se estableció también el Real de Minas de Buría o de San Pedro de Buría, como campamento minero en el cual se produjo poco después el alzamiento del Negro Miguel. Barquisimeto, que fue ciudad desde el comienzo, con Cabildo y ordenanzas y reparto de encomiendas, mudó varias veces de ubicación, sin perder por eso su unidad jurídica ni su nombre. La tercera ciudad fundada desde El Tocuyo fue la de Valencia, en las cercanías del lago que los indígenas llamaban Tacarigua. Su fundación ha dado lugar, en años recientes, a polémicas cuyo eco aún no se ha apagado del todo. Es, principalmente, el hermano Nectario María quien ha aportado los datos que han obligado a replantear el problema. Generalmente, siguiendo a José de Oviedo y Baños y a otros cronistas e historiadores, se tenía por fundador de Valencia en 1555 a Alonso Díaz Moreno, «vecino de la Borburata», enviado para ello por el gobernador Alonso Arias de Villasinda. Ahora se sabe que el proceso fue bastante más complejo. Desde 1551, el capitán Vicente Díaz Pereira, vecino de Borburata, había fundado un hato en el mismo lugar donde luego se estableció la ciudad de Valencia. Dos años más tarde, en 1553, alrededor del hato se había formado un núcleo poblacional, con algunos otros vecinos de Borburata que allí se establecieron. Sobre esta base, el gobernador Arias de Villasinda fundó oficialmente aquel mismo año de 1553, según un extracto hecho por Antonio de León Pinelo que se conserva en los archivos madrileños, la ciudad de Valencia, sin que sea posible afirmar si lo hizo en persona o si se valió de un comisionado, que bien pudo ser Alonso Díaz Moreno. En todo caso, en 1555 ya existía la ciudad con su Cabildo. El enigma no está despejado del todo: las más recientes investigaciones se han concentrado en la existencia de posibles homónimos de Alonso Díaz Moreno y de Vicente Díaz Pereira. También partió de El Tocuyo en 1557 la expedición que al mando de Diego García de Paredes fundó la ciudad de Nueva Trujillo, en el sitio de Escuque, probablemente entre marzo y abril de 1558. A mediados del año siguiente la presión de los indígenas obligó a despoblarla. Era la primera de una serie de mudanzas que le ganaron a Trujillo, que también cambió de nombre varias veces, el apelativo de «la ciudad portátil». García de Paredes cayó en desgracia con el gobernador. Otro capitán, Francisco Ruiz, continuó la empresa y se asentó brevemente en el mismo lugar que aquel, pero llamó a la población Mirabel. Un nuevo gobernador nombró otra vez a García de Paredes su teniente en la provincia de los cuicas. Volvió, pues, en diciembre de 1559 a la ciudad que había fundado, a la que ahora nombró Trujillo de Salamanca, y la trasladó al valle de Boconó, que no fue, sin embargo, su asentamiento definitivo.

Durante la década de 1550 los conquistadores, incitados por la sed de oro, tratan de establecerse en las tierras de los belicosos jiraharas. Ahora las expediciones ya no parten solo de El Tocuyo, sino principalmente de Barquisimeto. Pero las villas o «Reales de Minas» que fundan tienen una vida efímera y en general se trata de poblaciones distintas, sin continuidad. La villa de Las Palmas, fundada por Diego de Montes en 1554; la villa de Nirva, o Nirgua, por Diego de Parada el año siguiente; la Villa Rica, fundada en 1557 por Diego Romero, se mantendrá hasta 1568; con el nombre de Nueva Jerez intentará hacerla renacer sin éxito duradero, Juan de Mora en 1569. Solo ya bien entrado el siglo XVII se llegará a dominar la región. A mediados del siglo XVI, durante la década de 1550, la penetración que iniciaron Juan de Ampíes y Ambrosio Alfínger por la costa occidental ha logrado establecer una cabeza de puente, Coro, y una base sólida en el interior, El Tocuyo. Desde esta se abren en abanico una serie de poblaciones: Borburata (de efímera existencia), Barquisimeto, Valencia, Trujillo; aunque 2 de ellas (Barquisimeto y Trujillo) aún no hayan alcanzado sus emplazamientos definitivos por entonces. La búsqueda de minas y de El Dorado constituyen las principales motivaciones de los conquistadores, pero ya se ha iniciado el poblamiento y han sido concedidas encomiendas. En Coro se construye una modesta catedral, y se erigen templos en las ciudades. Sin embargo, la conquista espiritual es únicamente obra de escasos sacerdotes seculares, que han de atender también a la población hispana, pues las órdenes religiosas no han hecho todavía su aparición orgánica en la región occidental. Si bien Coro es oficialmente la sede de la gobernación y del obispado, los gobernadores residen con frecuencia tierra adentro (en El Tocuyo o Barquisimeto) y los oficiales de Real Hacienda suelen establecerse también allí, y en Borburata, a fin de hallarse cerca de donde se extrae oro y poder reclamar la quinta parte que corresponde al Rey.

Los conquistadores venidos de tierra adentro

En 1550, se había instalado en Santa Fe de Bogotá la Audiencia del Nuevo Reino de Granada. Los pobladores de aquella ciudad y especialmente los de Tunja y de Pamplona, fundada esta en 1549, organizaron expediciones hacia el E, en dirección de la gobernación de Venezuela, con el propósito de descubrir minas y dominar a los indígenas de las llamadas «sierras nevadas». La conexión entre el núcleo conquistador del occidente venezolano y los pobladores de la Nueva Granada se había realizado poco antes, cuando Juan de Villegas envió emisarios desde El Tocuyo para abrir el comercio con ellos. Para explorar la zona montañosa de los actuales estados Táchira y Mérida el Cabildo de Pamplona concede poderes, sucesivamente, a los alcaldes Juan de Maldonado (1555), Juan Andrés Varela (1557) y Juan Rodríguez Suárez (1558). Será este último, apodado el Capitán de la Capa Roja, quien emprenderá la marcha en marzo de ese año y después de superar toda suerte de obstáculos, fundará la ciudad de Mérida, cerca de la laguna de Urao o sitio de Lagunillas, el 9 de octubre de 1558. Lleva consigo unos 60 hombres, entre los cuales destaca Juan Andrés Varela, quien se avecina en Mérida. No hay allí minas de oro, pero sí buenas tierras, aptas para la labor y la cría, y numerosos indios para ser encomendados. Algo después llega Juan de Maldonado con 80 compañeros y alegando que Rodríguez Suárez se ha extralimitado en sus funciones lo pone preso, lo expulsa, y traslada la ciudad, tras varias peripecias, al lugar donde hoy se halla, al pie de la alta sierra coronada de nieves; esto ocurría a principios de 1559. Poco después, Maldonado y sus hombres, que han continuado su marcha hacia el E, se encuentran con los fundadores de Trujillo, mandados ya por Francisco Ruiz, que subían por la cordillera. Los 2 capitanes llegan a un acuerdo, y se fijan allí los límites entre las tierras sometidas por entonces a la jurisdicción de la Audiencia de Santa Fe de Bogotá y las de la gobernación de Venezuela, dependiente de la Audiencia de Santo Domingo. Maldonado regresa pacíficamente a Mérida y 2 años después, el 31 de marzo de 1561, funda en el valle de Santiago la Villa de San Cristóbal.

La conquista empieza a desplazarse hacia el centro

Al mediar el siglo XVI, mientras que la conquista por las vías del eje Coro-El Tocuyo y de los Andes había hecho grandes progresos, hasta el punto de llegar a enlazarse ambas, y que la penetración por el oriente se hallaba paralizada, la región centro-septentrional de la actual Venezuela seguía bajo el dominio de los aborígenes. Eran estos belicosos y osados, tenían a su cabeza caciques de prestigio militar y la elevada cordillera que corría paralela a la costa dificultaba el acceso de los europeos. Un mestizo margariteño, Francisco Fajardo, hijo de una cacica guaiquerí, intentó y logró poner pie en el litoral central y establecer contacto con sus moradores. Su primera expedición, de reconocimiento, la llevó a cabo en 1555 en 2 grandes piraguas, con 20 indios guaiqueríes y otros 3 mestizos como él; se limitó a «rescatar», es decir, comerciar con los indígenas y a darse a conocer. La segunda, hacia 1557-1558, la hizo acompañado de su madre la cacica Isabel, de 11 españoles y de más de 100 guaiqueríes; desembarcó en la ensenada de Chuspa, estableció su campamento en una elevación cercana conocida como El Panecillo y se entrevistó con varios caciques de la zona, quienes le acogieron bien y al parecer, lo incitaron a fundar un poblado. Fajardo viajó por mar a Borburata y marchó hasta El Tocuyo, donde solicitó del gobernador Gutierre de la Peña la autorización para fundar una villa, que le fue concedida. Regresó a El Panecillo y a fines de 1558 o comienzos de 1559 estableció allí el poblado, que duró muy poco tiempo, y sobre cuyo nombre y ubicación exactos discrepan los historiadores. Si bien algunas tribus indígenas veían con buenos ojos a los recién llegados, otras los rechazaban; prevalecieron estos últimos, ayudados por los vejámenes que los españoles y mestizos infligían a los indios pacíficos, y aunque Fajardo hizo ahorcar al cacique Paisana no pudo resistir la presión de sus guerreros y tuvo que retirarse a Margarita. La tercera y última jornada se inicia también con un avenimiento pacífico entre españoles e indígenas (pues Fajardo, a pesar de ser mestizo, actúa como español) y termina con un sangriento enfrentamiento. En 1559, después de haber obtenido autorización de la Audiencia de Santo Domingo, Fajardo sale de Margarita con una veintena de españoles y mestizos y unos 200 indios. Dejando el grueso de su fuerza en el litoral central, cerca de Caruao, el conquistador y algunos de sus compañeros van a Valencia por tierra. Desde allí, obtiene la autorización para fundar del gobernador Pablo Collado, quien está en El Tocuyo; este le proporciona algunos hombres de armas y lo nombra su teniente general para la conquista de la que era llamada, entonces, Provincia de los Caracas. Fajardo y su gente, ya en 1560, salen de Valencia hacia el valle de Maya (el actual valle de Caracas), que él llama valle de San Francisco, en el cual establece, con este nombre, un asentamiento a orillas del río Guaire, dejando con una custodia el ganado que traía de Valencia. Ni los testimonios coetáneos ni los historiadores están acordes acerca de la categoría de ese asentamiento, que según unos fue un hato, para otros un campamento y otros consideran que tuvo categoría de ciudad y como tal fue el germen o el origen de la de Caracas. Fajardo bajó a la costa y allí, a comienzos de 1560, fundó la villa de El Collado, que se hallaba situada en la zona de Caraballeda, y nombró su Cabildo, cuyos primeros alcaldes fueron Lázaro Vásquez y Martín de Jaén. A pesar de que no duró sino unos 2 años, esta fue la más importante población que existió en el litoral central antes de la actuación de Diego de Losada.

Definitiva fundación de Cumaná y la incursión de Lope de Aguirre

Entre tanto, el proceso de asentamiento en la costa de la Tierra Firme oriental se estaba reactivando. Desde mediados de la década de 1550 el español avecindado en Margarita, Rodrigo Pérez de Navarrete, había entrado en relación con los religiosos dominicos incitándolos a reemprender la evangelización de aquellas regiones, especialmente entre los indios aruacos, enemigos de los caribes. En 1559 fray Francisco de Montesinos, dominico que anteriormente había estado en Margarita y Tierra Firme, salió de España con el apoyo de la Corona, acompañado por 12 frailes de su orden, la mayoría de los cuales (así como 6 monjas dominicas) iban destinados a los conventos de la isla de Santo Domingo. Recogiendo pobladores en esta, en Puerto Rico y en Margarita, aunque en la última no halló el sacerdote apoyo de las autoridades locales, desembarcó en la zona de Maracapana a mediados de julio de 1561 con casi un centenar de españoles o criollos y numerosos indios de servicio ya cristianizados, así como unas 200 ovejas, 20 caballos, mercancías para el trueque con los aborígenes y maíz y otros mantenimientos para un año. A poco de haber fundado Montesinos un poblado en Maracapana y nombrado Cabildo y de haber empezado otro, en las inmediaciones del río Cumaná (hoy Manzanares), se apoderó de la isla Margarita el Tirano Lope de Aguirre; este, a la cabeza de sus marañones se había alzado contra el rey de España, entonces Felipe II, mientras descendía por el Amazonas o Marañón hacia el Atlántico y llegó a Margarita el 21 de julio de 1561. Después de someter a los margariteños, Aguirre envió a Maracapana un grupo de marañones al mando de Pedro de Monguía para que apresaran al buque de Montesinos, pero ellos se valieron de esa oportunidad para separarse de aquel y se pusieron a las órdenes de Montesinos y de su compañero, fray Álvaro de Castro. Juntos organizaron una pequeña escuadra de 3 buques, que al mando del propio Montesinos y de Monguía zarpó de Maracapana el 25 de julio y hasta el 10 de agosto rondó las aguas de la isla Margarita, donde se hallaban el Tirano y su gente. Luego Montesinos se dirigió con su barco a Borburata, alertó a los vecinos sobre la presencia de Aguirre y navegó hacia Santo Domingo para dar la alarma general. El 2 de septiembre de ese mismo año el Tirano y su hueste desembarcaron en Borburata, cuyos vecinos habían huido. Su presencia allí fue conocida en el asentamiento de San Francisco, en el valle de Caracas, donde se hallaba entonces Juan Rodríguez Suárez; este salió con algunos compañeros hacia Valencia para contribuir a su defensa, pero fue interceptado y muerto por indios hostiles. También Fajardo, que estaba en El Collado, adoptó medidas defensivas. Entre tanto, Lope de Aguirre siguió tierra adentro, se apoderó de Valencia (previamente evacuada por sus moradores) y cayó muerto en Barquisimeto el 27 de octubre de 1561, rodeado por fuerzas provenientes de varias ciudades y abandonado por la mayoría de los marañones. Muerto el Tirano, el padre Montesinos regresó a la costa cumanesa a comienzos de enero de 1562, para encontrarse con que habían estallado disensiones entre los pobladores de Maracapana (que fue abandonada) y los del río de Cumaná. En el segundo de esos sitios concentró entonces a todos los vecinos y fundó la ciudad de Nueva Córdoba (después Cumaná) cuyo Cabildo nombró el 1 de febrero de 1562; contaba 29 vecinos o cabezas de familia, la mayoría de ellos con mujer e hijos, no solo españoles, criollos o mestizos, sino también indios ya cristianos. A partir de entonces, la ciudad perduró.

La fundación de Caracas y de Caraballeda

En cambio, los 2 asentamientos de Francisco Fajardo en la región central desaparecieron en los primeros meses de 1562. El mestizo margariteño, enfrentado a una sublevación general de indígenas, había pedido ayuda militar al gobernador Collado, quien no se la pudo dar mientras duró el peligro de Lope de Aguirre. Muerto este, se despachó en enero de 1562 una expedición en socorro de San Francisco, que salió de Barquisimeto al mando de Luis de Narváez, pero fue emboscada por los indígenas antes de llegar y muertos su jefe y casi todos sus integrantes. Poco después, hacia febrero-marzo de ese año, Fajardo tuvo que abandonar sucesivamente el asentamiento de San Francisco y la villa de El Collado ante la presión de los aborígenes, acaudillados por Guacaipuro y otros guerreros. Fajardo y una parte de los suyos volvieron a Margarita; otros pasaron a Borburata. Aquel perdió la vida en 1564 en Nueva Córdoba (Cumaná), ejecutado por orden de Alonso Cobos, justicia mayor de esa ciudad, con quien había tenido serios enfrentamientos en años anteriores a propósito de las respectivas jurisdicciones territoriales de El Collado y Nueva Córdoba. De este modo, la región norcentral de Venezuela, tanto el litoral como las serranías y los valles de tierra adentro (entre Nueva Córdoba al este y Valencia al oeste) permanece en manos de los aborígenes, cuyos caudillos, Guacaipuro, Paramaconi, Guaimacuare, infunden respeto. Desde Madrid, Felipe II reconoce que «...en esa provincia de Venezuela se han rebelado, alzado, muchos indios contra los españoles que en ella hay y han muerto muchos de dichos españoles...», y ordena conquistar la región. Pero no será sino en 1567 cuando Diego de Losada, por mandato del gobernador Pedro Ponce de León, emprenda la jornada que culminará con la fundación definitiva de Caracas y Caraballeda. El hidalgo zamorano sale de El Tocuyo con su hueste en enero y recoge otra gente en Barquisimeto, hasta reunir más de 130 hombres de armas; vence la resistencia de los aborígenes, penetra en el valle de Caracas y funda, muy probablemente el 25 de julio aunque no existe de ello prueba documental absoluta, la ciudad de Santiago de León de Caracas en ese mismo año de 1567. La nueva población bien necesitaba un santo patrono de armas tomar, como lo era el apóstol Santiago. Varias veces los indios trataron de destruirla y más tarde se sumaron al empeño, piratas y corsarios. Pero Caracas sobrevivió y prosperó, hasta llegar a convertirse en la capital de hecho de la gobernación de Venezuela. Después de haber fundado Caracas, Losada pasó al litoral y fundó aquel mismo año de 1567, probablemente hacia septiembre, la ciudad de Nuestra Señora de Carballeda (que después la gente llamó Caraballeda) en el mismo emplazamiento donde Fajardo había fundado El Collado. Aunque como parte de un proceso histórico la empresa conquistadora de Losada puede ser considerada continuación de la de Fajardo, jurídicamente las poblaciones fueron distintas, a pesar de que coincidieran en el terreno. Mientras las del margariteño tuvieron a lo sumo la categoría de villas, las de Losada nacieron como ciudades, lo cual era, en la época, una notable diferencia. Por otra parte, al haber Fajardo y su gente desamparado totalmente los asentamientos en 1562 sin volver a ocuparlos, significaba, según los conceptos entonces imperantes, que sus derechos como fundadores habían caducado. Lo cual no impidió que antiguos compañeros de Fajardo, como Lázaro Vásquez o Justo Desqué, figurasen entre los primeros vecinos de Caraballeda. De las 2 ciudades de Losada, Caracas prosperó mucho más rápidamente que Caraballeda, aunque ambas eran de igual jerarquía jurídica y tenían Cabildo propio. En sus inmediaciones y zonas aledañas, Los Teques, Mamo, se descubrieron minas de oro, por lo cual ya en diciembre de 1567 el gobernador Ponce de León le escribía al Rey que había «...acudido mucha gente de otras partes con sus hijos y mujeres...»; la mayoría se radicaron en Caracas. En 1574 esta contaba, según el obispo Pedro de Agreda, «... más de 40 vecinos españoles encomenderos y hay en ella más de 100 soldados españoles...», en tanto en Caraballeda vivían 10 o 12 vecinos solamente. Durante los primeros años de su existencia las 2 ciudades tuvieron que rechazar los asaltos de los indígenas. La muerte de Guacaipuro en su pueblo de Suruapo (o Suruapay) a manos de los españoles, a comienzos de 1569, redujo la presión. En 1569, Caraballeda sufrió el asalto de caribes cuyas canoas llegaban de la isla de Granada. En 1571, los cabildos de Caracas y de Caraballeda se pusieron de acuerdo para atacar a los indios belicosos del litoral que al mando de Guaimacuare se habían refugiado en la serranía del Ávila y entorpecían la comunicación entre ellas. Ese mismo año Pedro Alonso Galeas, un antiguo marañón, y Garci González de Silva combatían contra los mariches y el segundo de ellos sometió en 1573 a los tarmas, cuyo cacique, Prepocunate, murió combatiendo. Poco a poco, las zonas de influencia directa de Caracas y Caraballeda fueron dominadas y se establecieron las primeras encomiendas en esa región.

Se consolida la conquista

Durante las décadas de 1560 y 1570 la conquista se va consolidando. Ciudades trashumantes como Barquisimeto y Trujillo hallan asiento definitivo. Desde su ubicación original de 1552, en la que permaneció poco tiempo, por considerarla malsana los vecinos, Barquisimeto pasó a otro lugar, donde se hallaba cuando fue ocupada y quemada por el Tirano Aguirre en 1561. A raíz de este suceso fue mudada de nuevo, con autorización del gobernador Pablo Collado, al sitio denominado de Las Damas, siempre en las cercanías del río Barquisimeto; nombre que según los vecinos significaba, en lengua de los indios «agua cenicienta», es decir, el río Turbio. La última traslación de Nueva Segovia de Barquisimeto, al lugar que hoy ocupa acaeció en 1563, en tiempos del gobernador Alonso Pérez de Manzanedo. En cuanto a Trujillo, esta permaneció en el valle de Boconó desde diciembre de 1559 hasta junio de 1563, cuando por acuerdo de su Cabildo fue mudada a «la quebrada o sabana de Motatán». De allí pasaron en 1565-1566, no sin resistencia de una parte del vecindario, al sitio de Pampán, donde se rebautizó a la ciudad con el nombre de Trujillo de Medellín. Pero desde 1568 ya la población fundada una década antes por Diego García de Paredes, empezó a ser conocida con el cognomento de Nuestra Señora de La Paz de Trujillo. Fue el que conservó cuando en 1569 y 1570 se mudó a su lugar definitivo, el mismo que hoy tiene, a orillas del Castán.

Desde mediados del siglo XVI piratas y corsarios franceses, holandeses e ingleses asaltaban, saqueaban y a veces quemaban las poblaciones del litoral como Coro, Borburata, Porlamar. En 1567, año en que eran fundadas Caracas y Caraballeda, corsarios franceses y escoceses habían atacado a Coro y Borburata; poco después, esta última (que había sido incendiada) dejó de existir como ciudad aunque el puerto (el actual Puerto Cabello) siguió utilizándose. En la isla de Margarita la población costera de Porlamar (o Villa del Espíritu Santo) sufrió frecuentes ataques de piratas y corsarios, así como la incursión del Tirano Aguirre en 1561; el clamor de los vecinos por trasladar la villa tierra adentro fue creciendo. Finalmente, en una fecha situada entre 1564 y 1567, las autoridades se marcharon al pueblo de Santa Lucía llevándose consigo, simbólicamente, la Villa del Espíritu Santo. La nueva población, no adoptó ni el nombre de Santa Lucía ni el del Espíritu Santo, sino el de La Asunción que hoy lleva como capital que sigue siendo de la isla y del estado Nueva Esparta. Aquel nombre, La Asunción, era el mismo con que el padre Villacorta había consagrado la primera iglesia que hubo en la isla; Villa de La Asunción se llamará hasta que en noviembre de 1600 el rey Felipe III le conceda el título de ciudad. Sin embargo, Porlamar no desapareció como centro poblado, convirtiéndose (junto con Paraguachí), en una de las poblaciones principales donde vivían mayor cantidad de nativos guaiqueríes, en condición de súbditos del Rey. En Tierra Firme, la Nueva Córdoba fundada por el padre Montesinos había logrado sobrevivir a las rivalidades de Cobos y Fajardo.

En 1568, el capitán español Diego Fernández de Serpa, un veterano en América, obtuvo de Felipe II, por capitulación, la facultad de conquistar la región que él llamó Nueva Andalucía (todo el interior hacia Guayana, así como la costa del Orinoco al Amazonas) cuya vía de penetración -también incluida en su capitulación- era la región cumanesa. Al desembarcar en Nueva Córdoba en octubre de 1569, Fernández de Serpa unió a los antiguos vecinos con los recién llegados, nombró autoridades, dio encomiendas, distribuyó las vacas y toros que habían traído para el fomento de la ganadería y en noviembre le cambió a la población su nombre por el de Cumaná. Poco después, toma posesión de las salinas de Araya, empieza a exportar sal y a hacer salazones de pescado. Luego lleva a cabo varias exploraciones en el interior, río Unare arriba, en una de las cuales él y sus hombres avistan la inmensidad de los llanos. A fines de 1569, dispone la fundación de la ciudad de Santiago de los Caballeros, situada en el morro de Barcelona; pero en mayo de 1570, es muerto por los indígenas durante una expedición; poco después Santiago de los Caballeros, atacada por chacopatas y cumanagotos, es abandonada. Sus habitantes pasan a Cumaná, que en 1572 era la única población de españoles y criollos existente en la Tierra Firme oriental venezolana. Sobrevivirá y en 1591, recibirá de Felipe II el título de ciudad y el escudo de armas como capital de la gobernación de Nueva Andalucía.

En el occidente de la gobernación de Venezuela continúa progresando la conquista mediante la fundación de nuevos núcleos urbanos. En 1569, el gobernador Ponce de León da poderes al capitán Alonso Pacheco para poblar en las riberas del lago de Maracaibo, donde edifica ese mismo año la ciudad de Nueva Rodrigo, continuada luego en 1574 por la Nueva Zamora de Maracaibo que establece, en el mismo sitio, Pedro Maldonado por órdenes del gobernador Diego de Mazariegos; a partir de esas fechas Maracaibo se convierte en un importante punto comercial y militar entre la isla de Santo Domingo y el occidente de Venezuela y Nueva Granada. De El Tocuyo partió en 1569 la expedición que al mando del capitán Juan del Tejo fundó hacia octubre de ese año, al lado del río Morere la ciudad de Nuestra Señora de la Madre de Dios de Carora. Pero el asiento inicial no resultó conveniente y a principios de enero de 1571 Pedro Maldonado la mudó de lugar. Se suscitaron rivalidades y Maldonado anuló varias de las encomiendas que Tejo había señalado, pero no hubo solución de continuidad en cuanto a la población misma. Sin embargo, a causa del pleito de las encomiendas, Maldonado fue conducido preso a Coro y por este motivo, entró a servir Juan de Salamanca como teniente de gobernador en 1572, reorganizando la ciudad que se llamó San Juan Bautista del Portillo de Carora.

Uno de los capitanes de Fernández de Serpa, Francisco de Cáceres, pasó en 1570 a la Nueva Granada y desde allí exploró las regiones de los ríos Meta y Vichada, fundando efímeras poblaciones sin autorización real. Pero luego, en 1572 y 1574, 2 reales cédulas de Felipe II ordenan a la Audiencia de Bogotá que permita a Cáceres emprender la conquista de la región que este mismo llama «del Espíritu Santo» en los llanos. Mas en lugar de poblar en ellos, el capitán se encamina al valle de La Grita donde funda, en 1576, la ciudad del Espíritu Santo de La Grita, que había de convertirse en cabeza de su gobernación. En los años siguientes distribuye encomiendas, se enfrenta a la violenta reacción de los indígenas y trata de apaciguar a la Audiencia de Bogotá que le acusa de haber poblado en un lugar que no estaba comprendido en su jurisdicción. Todo esto no le ha impedido comisionar entre tanto al capitán Juan Andrés Varela, vecino de Mérida, para fundar una población en el camino hacia los llanos de Barinas. Este lo hace el 25 de mayo de 1577 en una meseta a orillas del río Santo Domingo, en la confluencia de vías que conducen a Mérida, Trujillo y los llanos. Es la población de Altamira de Cáceres, tenida por la célula inicial de la ciudad de Barinas; 2 traslados, ya en los siglos XVII y XVIII, la conducirán de la serranía al llano, a través de la mesa de Moromoy hasta San Antonio de los Cerritos, ubicación actual de Barinas. Cuando se inicia la década de 1580, en la gobernación de Venezuela existen 9 poblaciones fundadas por españoles: Coro, El Tocuyo, Barquisimeto, Valencia, Trujillo, Caracas, Caraballeda, Maracaibo y Carora. En la región andina dependiente de la Nueva Granada hay 3: Mérida, La Grita y Altamira de Cáceres. En la provincia insular de Margarita, 2: Porlamar y La Asunción. En la Nueva Andalucía, 1: Cumaná. En las inmensas extensiones de la Orinoquia y de los llanos, los europeos no han fundado aún establecimientos.

Caracas hacia la capitalidad

Con la llegada a Caracas del gobernador Juan de Pimentel en 1576 se establece la costumbre de que estos funcionarios político-militares residan en dicha ciudad a partir de entonces. Los oficiales de Real Hacienda también se radicarán poco después ahí. Aun cuando la sede catedralicia del obispado sigue en Coro, donde se hallan los miembros del Cabildo Eclesiástico, muchos obispos se instalan en Caracas o pasan largas temporadas en ella. De este modo, Caracas se convierte en la capital de hecho de la gobernación de Venezuela. Sede de la diócesis no lo será sino en 1637, ser trasladada la catedral de Coro a Caracas. Esta marcha hacia la Capitalidad se explica por diversas razones: 1) Climáticas: debidas a la moderada altura (900 m) del valle en el cual está situada; 2) económicas: se descubrieron minas de oro en su zona, y las tierras eran aptas para varios tipos de cultivos, tanto europeos (trigo) como americanos (tabaco, maíz); 3) militares: Caracas estaba mucho más resguardada de los asaltos de piratas que Coro o Caraballeda, debido a la cordillera que la separaba del mar; 4) comunicacionales: A pesar de la cordillera, estaba relativamente cerca, aunque por un empinado camino de montaña, de su puerto natural de La Guaira, y por tierra tenía buenas posibilidades de apertura hacia el este, el sur y oeste. Un índice del potencial de Caracas es el siguiente: cuando se celebró en 1576 en Barquisimeto una reunión de los cabildos municipales de la gobernación, se planteó la necesidad de esclavos negros y Caracas pidió 500 en tanto que Coro, Valencia, Trujillo y Caraballeda pidieron 100 cada una. Caraballeda fue decayendo a medida que Caracas progresaba. Aquel mismo año, la mayor parte de sus vecinos residían en Caracas, con las mujeres e hijos, por temor a los corsarios, y Pimentel propuso que Caraballeda fuese eliminada e incorporados sus vecinos definitivamente a Caracas. Los caraqueños no necesitaban a Caraballeda como puerto, pues tenían más cerca la ensenada de La Guaira, si bien en esta no existía entonces ninguna población; los buques fondeaban indistintamente en la ensenada guaireña, cuando conducían mercancía para Caracas, o ante Caraballeda si la traían para esta ciudad. Finalmente, en enero de 1586 el Cabildo de Caraballeda entró en conflicto con el gobernador Luis de Rojas, quien arrestó a sus miembros; a poco, la ciudad se despobló y la mayoría de los vecinos pasaron a Caracas, y a Valencia. De este modo se abandonó el proyecto, sugerido en 1580 por el contador Diego Ruiz Vallejo, de trasladar la ciudad de Caraballeda al puerto natural de La Guaira. Este puerto se fue poblando poco a poco a partir de 1590 o 1591, con una casa que servía de aduana, otras pocas para depositar mercancías y luego a comienzos del siglo XVII, un pequeño muelle y unas fortificaciones, alrededor de todo lo cual se construyeron viviendas. No fue, propiamente, ni una villa ni una ciudad, pero sí un núcleo poblado dependiente del Cabildo caraqueño. Durante los años finales del siglo XVI se exportaba por ese puerto, principalmente, trigo; luego, tabaco y algo más tarde cacao.

En 1579 se había iniciado el intento de expansión de Caracas hacia el este, al encomendarle Pimentel a Garci González de Silva la misión de dominar a los indios cumanagotos y chacopatas e incorporar a la provincia de Caracas sus tierras, situadas entre los ríos Unare y Neverí. Después de numerosos combates, el conquistador tuvo que abandonar su empresa. En cambio, años más tarde penetró en el alto llano, región del río Guárico y de San Juan de los Morros, luchando contra los caribes y persiguiéndolos casi hasta las riberas del Orinoco. La región que hoy denominamos Barcelona (Edo. Anzoátegui), que se extiende por la costa y tierra adentro entre los ríos Unare y Neverí (y también más allá de ellos) fue por un tiempo motivo de disputa entre las autoridades de Caracas, o de las poblaciones que la antecedieron, como El Collado, y las de Nueva Córdoba o Cumaná. Todos trataron de apoderarse de la zona, que era defendida por cumanagotos y chacopatas. Ahí fueron fundadas a lo largo del siglo XVI y especialmente a partir de 1570, numerosas poblaciones de efímera existencia. Uno de los casos más interesantes es el de la ciudad de San Cristóbal de Nueva Ecija, fundada en septiembre de 1586 por el capitán Cristóbal Cobos, enviado por el gobernador de Caracas, Luis de Rojas; se hallaba en las cercanías de donde hoy está la ciudad de Barcelona. En ausencia de Cobos el gobernador de Cumaná, Rodrigo Núñez Lobo, ocupó la población en enero de 1588 como perteneciente a su jurisdicción, y le cambió el nombre por el de San Felipe de Cumanagotos; al regresar Cobos aceptó esos cambios. En 1596, esta población se unió con la de Nuestra Señora de Clarines (fundada en 1594, sin relación con la actual Clarines) y juntas constituyeron otra ciudad, Nueva Frechilla de San Cristóbal de Clarines, a orillas del Guatapamare y cerca del actual emplazamiento de Barcelona. Durará muchos años, hasta que Juan de Orpín funde en 1638 la ciudad de Barcelona.

También continuaba la expansión de Caracas hacia el sur y hacia el oeste. Otro capitán conquistador, Sebastián Díaz Alfaro, partiendo de Caracas, fundó el 6 de enero de 1585 la ciudad de San Sebastián de los Reyes, que sufrió 5 mudanzas antes de hallar su emplazamiento definitivo casi un siglo después, en 1676. No lejos estaban las minas de oro de Apa y Carapa, que se agotaron muy pronto, y sobre todo la puerta hacia el llano, tierra propicia para la ganadería. Otra población, esta en los llanos occidentales, fue la ciudad del Espíritu Santo del Valle de San Juan de Guanaguanare (hoy Guanare) fundada el 3 de noviembre de 1591 por el vecino y encomendero de Caracas Juan Fernández de León, de origen portugués, quien recibió autorización para ello del gobernador Diego de Osorio. Desde Altamira de Cáceres, San Sebastián de los Reyes y Guanare los conquistadores tenían abierta la entrada a los llanos.

Durante las 2 últimas décadas del siglo XVI van tomando cohesión en las principales ciudades los grupos oligárquicos de encomenderos, cuyos reductos son los cabildos municipales. El fenómeno es general, pero más notable en Caracas, donde empiezan a destacarse los que más tarde serán llamados «mantuanos». Uno de ellos, Simón de Bolívar, el primero de ese apellido llegado a Venezuela, viaja a España como procurador de los cabildos de la gobernación en 1590 y regresa 2 años después con numerosas mercedes del Rey, entre ellas el escudo para la ciudad de Caracas. En las décadas de 1580 y 1590 los encomenderos entran en conflicto con gobernadores y obispos que quieren obligarles a cumplir las disposiciones reales sobre el buen trato que debe darse a los indios encomendados, así como su concentración en pueblos regidos por un cura doctrinero. Esto último, para la provincia de Caracas, solo se hará efectivo a partir de 1620. Surgirán así, numerosos pueblos de doctrina, y luego llegarán los misioneros.

Santo Tomé y la Guayana hispana

La última gran vía de penetración de la conquista en Venezuela es cronológicamente la que por el Meta o por los llanos, bajando de Tunja y Santa Fe de Bogotá, llega al Orinoco. En realidad, es la misma vía que tomaron, desde las bocas del gran río, Ordaz y sus seguidores, pero en sentido opuesto. A partir de 1584 el español Antonio de Berrío (sobrino del fundador de Bogotá Gonzalo Jiménez de Quesada) intenta varias veces atravesar el llano y navegar Orinoco abajo, en busca de El Dorado. Lo logra la tercera vez, en 1591. En marzo de ese año deja alguna gente en un fortín de la desembocadura del Caroní, y sigue hasta la isla de Margarita. En 1592 su teniente Domingo de Vera e Ibargoyen funda la ciudad de San José de Oruña en la isla de Trinidad. En abril de 1595 el inglés Walter Raleigh se apodera de esa isla y hace prisionero a Berrío. Como este, Raleigh andaba también en busca de El Dorado, y penetró por el Orinoco hasta las bocas del Caroní, sin resultado. Luego, Raleigh es derrotado en Cumaná y Berrío recobra la libertad. Con el apoyo de vecinos de Cumaná y de Margarita navega Orinoco arriba y cerca de la boca del Caroní funda en diciembre de 1595 la ciudad de Santo Tomé de Guayana. Cuando Antonio de Berrío muere en 1597 su hijo Fernando, mozo de 20 años, continuará la empresa. Santo Tomé cambiará varias veces de sitio, siempre a orillas del Orinoco, pero su presencia marcará la soberanía hispánica sobre el territorio guayanés.

 

Temas relacionados: Asiento; El Dorado, mito de; El Rosario, combate de; Huestes indianas; Idioma castellano; Maracapana, batalla de; Marañones; Mestizaje; Misiones; Poblamiento; Quebrada, batalla de La; Régimen español; San Pedro, combate de; Venezuela, territorio de; Welser, Los.

Autor: Manuel Pérez Vila
Bibliografía directa: Arcila Farías, Eduardo. Economía colonial de Venezuela. 2a ed. Caracas: Italgráfica, 1973. 2 vols.; Armas Chitty, José Antonio de. Influencia de algunas capitulaciones en la geografía de Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1967. Briceño Iragorry, Mario. Tapices de historia patria: esquema de una morfología de la cultura colonial. Caracas: Fundación Mario Briceño Iragorry, 1984; Briceño Perozo, Mario. Documentos para la historia de la fundación de Caracas existentes en el Archivo General de la Nación. Caracas: Archivo General de la Nación, 1969; Castillo Lara, Lucas Guillermo. San Sebastián de los Reyes: la ciudad trashumante, la ciudad raigal. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1984. 2 vols.; Cunill Grau, Pedro. «Cambios paisajísticos geohistóricos en el nuevo mundo en el inicio de la conquista». En: Memoria del Quinto Congreso Venezolano de Historia. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1992; Friede, Juan. Los Welser en la conquistado Venezuela. Caracas: Edime, 1961; Mahnlot, Marianne. Una aproximación histórica a la conquista de la América española. Barcelona: Oikos-Tan, 1977; Martínez Mendoza, Jerónimo. Venezuela colonial. Caracas: Editorial Arte, 1965; Morales Padrón, Francisco. Fisonomía de la conquista indiana. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1955;--. Historia del descubrimiento y conquista de América. 4a ed. Madrid: Editora Nacional, 1981; Nectario María, Hermano. Historia de la conquista y fundación de Caracas. 3a ed. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal, 1979; Ojer, Pablo. La formación del oriente venezolano. I. Creación de las gobernaciones. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1966; Otte, Enrique. Las perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas: Fundación John Boulton, 1977. Oramas, Luis Ramón. Conquista y colonización de la provincia de los Caracas: esenciales rectificaciones de la historia de Venezuela. Caracas: [Talleres Offset], 1940; Oviedo Y Baños, José de. Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. Caracas: Edición conmemorativa del Cuatricentenario de Caracas, 1967; Pardo, Isaac J. Esta tierra de gracia. 5a ed. Caracas: Monte Ávila, 1986; Pérez Vila, Manuel. Aportes a la historia documental y crítica. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1986;--. Ciudades cuatricentenarias. Caracas: Lagoven, 1976;--. Lejanos orígenes de Maracaibo: cuatro siglos y medio de la fundación de «Micer Ambrosio», 1529-1979. Caracas: Separata de «Nosotros», 1979; Ramos Pérez, Demetrio. Audacia, negocios y política en los viajes españoles de descubrimiento y rescate. Valladolid: Casa-Museo de Colón, 1981;--. Estudios de historia venezolana. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1976;--. La fundación de Venezuela. Ampíes y Coro: una singularidad histórica. Valladolid-Coro: Ediciones Junta Pro-Celebración de los 450 años de la fundación de Coro, 1978; Troconis de Veracoechea, Ermila. Historia de El Tocuyo colonial. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1984; Zavala, Silvio. Las instituciones jurídicas en la conquista de América. 2a ed. México: Porrúa, 1971;--. La filosofía política en la conquista de América. 2a ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1972.
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