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Moneda

Siglos XVI-XVIII

La accidentada vida de los diferentes signos monetarios durante el período colonial se puede sintetizar de la manera siguiente: equivalencias monetarias en el siglo XVI: el peso de plata (10 reales) = 340 maravedís; el ducado (11 reales) = 374 maravedís; el real de plata = 34 maravedís; el peso de perlas = 340 maravedís; el peso de oro = 556 maravedís; el marco = 50 reales = 17.000 maravedís; la onza de oro = 2.125 maravedís. El maravedí era una moneda imaginaria que servía de medida para todo el sistema. A partir del siglo XVII, el real de plata se redujo a 272 maravedís y con el flujo de numerario que, a partir de 1621, comenzó a suministrarle México a Venezuela en retorno de las crecientes exportaciones de cacao dirigidas hacia ese virreinato, todas las cuentas se hicieron en reales de plata a razón de 8 reales el peso. Desde ese momento hasta el final del período colonial, toda la economía y la Hacienda Pública se apoyaron en la moneda mexicana considerada la más sólida del mundo, y de ella tuvo Venezuela en cantidad abundante para atender a sus necesidades internas y socorrer a las gobernaciones vecinas, además de los envíos hechos a la tesorería española, que recibió importantes remesas casi anualmente en proporciones de 2 o más el monto de los gastos locales. La macuquina, como se la llamaba, moneda de plata de muy buena ley, permitía por su factura, ser cercenada, limada o perforada, con el consiguiente deterioro de su peso y su valor. Nunca tuvo valor fijo, porque subía o bajaba en proporción a la escasez o abundancia de la moneda legítima, llamada fuerte ode cordoncillo.

Siglo XIX

Decidida la separación de España, para hacerle frente a las obligaciones de la administración interna y a las erogaciones extraordinarias causadas por la guerra, el gobierno de la Primera República acudió al papel moneda, y por ley de agosto de 1811 se emitieron los toscos billetes de 1 peso, de 2, 4, 8, y 16 pesos y de medio peso, de vida fugaz pues fueron retirados de la circulación al producirse la pérdida de la Primera República. Además, acostumbrado el pueblo venezolano a la buena moneda que venía de México, rechazó aquellos billetes que por otra parte fueron causa de una fuerte depreciación de la moneda, dando origen a una elevación acelerada de los precios hasta niveles anteriormente desconocidos, acentuándose la escasez de la moneda buena que desapareció de la circulación. Durante el período de la Guerra de la Independencia, el caos monetario se acentuó por la existencia de 2 gobiernos, el español y el patriota, ambos de una gran inestabilidad sucediéndose en el poder tras cada triunfo y derrota. Consolidada la República de Colombia, después de 1820, se trató por medio de varias disposiciones legislativas de restaurar el crédito monetario mediante el restablecimiento del sistema bimetalista español y la unificación del régimen monetario por la fijación de un solo peso y ley de la moneda, a la vez que se inició una severa persecución de los falsificadores y de las recortadas. Venezuela, ya separada de Colombia, dio pasos definitivos de retorno al régimen monetario español. Por ley de julio de 1830, se prohibió la acuñación de moneda en el territorio nacional. En diciembre de ese año la Secretaría de Hacienda especificaba que «...por moneda macuquina debía comprenderse la antigua moneda de ese nombre, la de cordoncillo acuñada en la Nueva Granada, los reales y pesetas sevillanas, la conocida bajo la denominación de morillera y la últimamente acuñada por la Casa de Moneda de Caracas...» (1829-1830). Morilleras (por el general Pablo Morillo) fueron llamadas las monedas acuñadas en la Real Casa de la Moneda de Caracas durante la Guerra de la Independencia con las mismas características de las viejas macuquinas. El deplorable estado a que llegó la macuquina y sus numerosas falsificaciones hizo que las autoridades trataran de amortizarla y retirarla de la circulación, pero las circunstancias económicas imperantes no lo permitieron.

Una de las tantas secuelas que dejó la Guerra de la Independencia fue la escasez de circulante que pesará sobre el país por largos años; ante la imposibilidad de encontrar mejor solución, se admitió legalmente la circulación de monedas extranjeras. El 30 de diciembre de 1830, la Secretaría de Hacienda publicó una lista de monedas pertenecientes a Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Irlanda, Portugal, Holanda, Rusia y Suecia y a las ciudades de Bremen y Hamburgo, con sus correspondientes valores en centavos fuertes y sus valores de conversión a centavos macuquinos. Se iniciaba así la circulación legal de la moneda extranjera en Venezuela, práctica que habría de durar más de medio siglo. En mayo de 1834 se autorizó la circulación de la moneda macuquina, del peso fuerte y de la onza de oro española y asimismo, de aquellas que, aunque procedentes de algunos de los vecinos países americanos, fuesen semejantes a las españolas en peso y ley. Se admitió, además, la circulacióndel peso fuerte (dólar) de Estados Unidos y sus fracciones; el franco, el chelín inglés y los pesos portugueses y del Brasil; para remediar la escasez de moneda menuda, el gobierno ordenó, en ese mismo año de 1834, que se trajeran de Estados Unidos 20.000 pesos en centavos de cobre y otros 5.000 pesos en monedas de medio centavo. El 2 de mayo de 1840 permitió el Congreso la importación de monedas de plata francesas y norteamericanas. La llegada al país de 100.000 pesos fuertes franceses en monedas de plata y su distribución entre todas las provincias, permitió suspender, por ley de 23 de marzo de 1841, la circulación de toda moneda macuquina, pesetas y reales acuñados en Caracas, por carecer «absolutamente del valor que representan». La circulación legal de las monedas fuertes extranjeras y de los centavos de cobre norteamericanos, fracciones del peso fuerte, constituyeron una verdadera innovación en el tradicional sistema monetario en el país que por más de 2 siglos había realizado sus transacciones en pesos sencillos de 8 reales. El peso fuerte cambió el concepto de la unidad monetaria y así vemos que este se hace presente en la primera acuñación de moneda venezolana ordenada por el Congreso el 29 de marzo de 1842. El artículo 1° de la ley estableció «...Habrá en Venezuela una moneda de cobre y cuño nacional denominada centavo, que represente la centésima parte de un peso fuerte...». Llevaría el emblema de la Libertad y la inscripción «República de Venezuela». Se realizó esta acuñación en Londres por un valor de 20.000 pesos fuertes y tiene fecha de 1843. Al entrar en circulación los centavos venezolanos se derogó el decreto sobre la importación de centavos norteamericanos. En marzo de 1848 se produjo un cambio fundamental, cuando se puso término al viejo régimen bimetalista, sustituyéndolo por el mono-metalista y se decretó que en lo adelante el franco de plata sería la unidad monetaria de la República; pero los trastornos que se trataron de corregir con estas medidas, parecieron acentuarse y la República, en medio de las dificultades políticas en que vivía el país en la época de los Monagas, comenzó a buscar su propio camino que habría de conducirla a la fundación de un régimen monetario nacional. El 1 de abril de 1854 se ordenó restablecer el cuño de Caracas y la acuñación de venezolanos de oro y plata y aunque este decreto no llegó a cumplirse, debiéndose contratar con la Casa de Moneda de París la acuñación de 25.000 pesos fuertes en monedas de plata de medio peso, peseta, real y medio real con la efigie de la Libertad en el anverso y en el reverso el Escudo Nacional, era evidente que el país no podía continuar rigiéndose por los signos monetarios extranjeros. En marzo de 1857, el presidente José Tadeo Monagas dictó un decreto por el cual se adoptó en el país el sistema métrico decimal y con arreglo a él, se creó un sistema monetario uniforme fundado en el patrón oro. La reforma del sistema monetario que parecía anunciarse en esas disposiciones quedó paralizada por los sucesos que condujeron al derrocamiento de los Monagas (marzo 1858) y el largo período revolucionario que siguió hasta el triunfo de la Federación en 1863. El 12 de junio de 1865, el Congreso promulgó una nueva ley sobre el régimen monetario, por la cual estableció como unidad monetaria el peso fuerte con el nombre de venezolano de oro con la efigie del Libertador y el Escudo, pero retornó al antiguo bimetalismo y dio curso legal a la moneda extranjera.

Fue al presidente Antonio Guzmán Blanco a quien tocó dar el paso definitivo en cuanto a la creación y consolidación del régimen monetario venezolano cuando, el 11 de mayo de 1871, estableció como unidad monetaria al venezolano de plata con peso de 25 g y ley 900, equivalente a Bs. 5 y ordenó la acuñación de una moneda de 20 venezolanos (Bs. 100), a la que se daría el nombre de bolívar, que no alcanzó a fabricarse. A partir del 1 de enero de 1872 sería obligatoria la conversión de las cuentas públicas y privadas a la nueva unidad monetaria, el venezolano y, como única fracción de la unidad, se conservaba el centavo. Sin embargo, la tradicional costumbre de contar en pesos sencillos no podía desaparecer de inmediato y para facilitar las operaciones, la tabla de valores de conversión de las monedas extranjeras se expresó en pesos fuertes y sencillos. El gobierno, auxiliado por la Compañía de Crédito fundada en 1870, ordenó, entre 1873 y 1877, acuñar monedas venezolanas de oro, plata y níquel por un valor de 1.091.622 venezolanos (equivalente a Bs. 5.458.110). Esta cantidad de moneda nueva permitió, a partir de 1874, prohibir la circulación de toda moneda de oro y plata, nacional o extranjera, perforada, lisa o dañada en cualquier otra forma, las cuales podían cambiarse en las oficinas de la Compañía de Crédito en el término de 6 meses, a los precios fijados. Todo el metal recogido fue utilizado en las nuevas acuñaciones, realizadas, con excepción de la de níquel, por la Casa de la Moneda en París. Por resolución presidencial de 14 de junio de 1876, se ordenó acuñar monedas de níquel de 1 y 0,50 centésimos de venezolano, por vía de ensayo para sustituir los centavos de cobre. La acuñación, realizada en Filadelfia y no contemplada en la ley entonces vigente, ocasionó protestas, pero a partir de esa fecha el níquel se impuso en la fabricación de la moneda menuda por ser liviano, de bajo precio y agradable aspecto; el 28 de junio de aquel mismo año quedó prohibida la importación de moneda de plata extranjera, toda vez que al disponer de moneda nacional suficiente, sería declarada sin curso legal. Finalmente, por decreto de 31 de marzo de 1879, Guzmán Blanco creó el bolívar de plata como unidad monetaria de Venezuela. Por el mismo decreto prohibió la circulación de las monedas extranjeras, que en lo sucesivo solo se admitirían en su calidad de mercancías, según su contenido de metal fino y por lo tanto sujeto su valor a la simple relación de la oferta y la demanda. Casi inmediatamente se autorizó la acuñación de Bs. 5.000.000 en piezas de oro de Bs. 20, la del fuerte, de Bs. 5, equivalente al antiguo venezolano de plata de ley 900, y las menores de 2, 1 y 0,50 bolívar, y la de 20 céntimos, con ley de 835. El uso del papel moneda comenzó a generalizarse a partir de 1876 con la fundación del primer Banco de Caracas, seguido después por el Banco de Maracaibo (1882), el Banco Comercial (1883) y el Banco de Venezuela (1890). Sin embargo, el público continuó mostrando cierta desconfianza hacia los billetes emitidos individualmente por cada uno de los bancos existentes y las monedas de plata y oro continuaron siendo de su preferencia aun en la acumulación de capital. Al iniciarse el último período de gobierno de Guzmán Blanco (1886), queda inaugurada en Caracas la Casa de Moneda, procediéndose a la primera acuñación de la moneda de Bs. 100 oro, llamada popularmente pachano, refiriéndose al nombre del primer director de la Casa de Moneda, general Jacinto Regino Pachano.

Las reformas introducidas por Guzmán Blanco en 1879 y luego en 1887, elevan el valor del bolívar de plata con relación al oro y levantan el límite de acuñación, fijado en 1879, en Bs. 6 por habitante. En 1891, el Congreso aprueba un decreto que reduce la proporción de metal oro a solo un 15% del total del numerario en circulación. Se ha instituido, de hecho, un sistema de bimetalismo. El numerario de plata, acuñado en el exterior a partir de 1891, año en que se cierra la Casa de Moneda de Caracas, circula a un precio fijo, legalmente inflado con respecto a su valor comercial, sin tomar en cuenta la depreciación del metal plata con respecto al oro que entre 1873 y 1902 alcanza un 55,5%. Este sistema bimetálico favorece la especulación y la corrupción interna, acostumbrándose las casas comerciales instaladas en el país a pagar las cosechas de café o cacao en plata devaluada, vender estos productos en el exterior por su valor en oro y, luego, revender ese oro al gobierno venezolano o a importadores nacionales por su valor en el mercado internacional, gracias a la intervención de funcionarios debidamente interesados en la transacción. Este proceso de inflación estructural de la economía venezolana que ayuda, a su vez, a explicar el alto costo de la vida, tanto en Caracas como en el interior del país, duró hasta la adopción del patrón oro por parte del gobierno en 1918.

Siglo XX

El auge en la circulación monetaria registrada en las 2 primeras décadas del siglo XX, tanto en los billetes como en las acuñaciones de plata y níquel, trae también un aumento en el encaje de oro de los bancos con respecto al total de depósitos y billetes en circulación. Para 1925, el bolívar es prácticamente una de las monedas más sólidamente respaldadas del mundo. La crisis iniciada a fines de 1929, al afectar las reservas de oro que sustentan el valor cambiarlo del bolívar, provoca una declinación del valor de este con respecto al dólar norteamericano. La devaluación del dólar en enero de 1934, así como el repunte en las exportaciones petroleras venezolanas, vuelven a fortalecer el bolívar cuya nueva paridad es fijada a Bs. 3,90 por dólar, a través del llamado Convenio Tinoco firmado en agosto de 1934. Revaluado en mayo de 1937 de acuerdo con su paridad en oro, el bolívar mantiene una paridad fija de Bs. 3,35 con relación al dólar norteamericano, el nuevo patrón del comercio internacional, desde junio de 1942 hasta diciembre de 1960. La creación del Banco Central de Venezuela (1940) centraliza la emisión de papel moneda de circulación forzosa en el país, generalizándose el uso de los billetes en detrimento del numerario en oro y plata. A principios de 1961, como resultado de una crisis coyuntural en los mercados petroleros mundiales, el gobierno del presidente Rómulo Betancourt se ve forzado a establecer un control de cambios y a proceder a una devaluación del bolívar, cuyo valor cambiarlo se estabiliza en Bs. 4,54 por dólar norteamericano en 1962 y luego en Bs. 4,30 por dólar norteamericano en 1973. Al mismo tiempo, a partir de 1966, las nuevas acuñaciones de monedas sustituyen el metal de plata por el níquel; este proceso de «desplatización» concluye a comienzos de la década de 1970 cuando son retiradas de la circulación las monedas de plata. El 18 de febrero de 1983, la disminución alarmante en las reservas internacionales de divisas del Banco Central obliga al gobierno del presidente Luis Herrera Campins a establecer un sistema de cambios diferenciales del bolívar con relación al dólar, creándose un mercado «paralelo» (o libre) al lado de la tasa oficial de cambio. Para 1986, se reconoce una devaluación de facto del bolívar al eliminarse el cambio de Bs. 4,30 por dólar, manteniéndose una tasa preferencial de Bs. 7,5o por dólar mientras el «mercado libre» sitúa, por los momentos, el valor cambiado real del bolívar alrededor de Bs. 30 por dólar. El 6 de diciembre será decretado la modalidad de cambio dual; mediante esta se otorgarían dólares a Bs. 7,50 para la importación de artículos de primera necesidad y a Bs. 14,50 para aquellos que no entraran en esa categoría. El 13 de marzo de 1989, por decreto presidencial, fue eliminado el tipo de cambio preferencial y establecido el mercado único, con una cotización de Bs. 39,35 por dólar; el precio de esta moneda seguirá subiendo entre corridas especulativas y mini-devaluaciones controladas por el Banco Central de Venezuela, hasta que por decreto presidencial del 27 de junio de 1994, atendiendo la grave crisis cambiaría causada por los desequilibrios del sistema financiero y las intervenciones de varios bancos, el país volvió al control de cambios, con una paridad de Bs. 170 por dólar.

Temas relacionados: Apéndice núm. 8; Banco Central de Venezuela; Bolívar, unidad monetaria; Casa de Moneda de Caracas; Economía; Fichas, señas, vales y ñapas; Numismática.

Autor: Eduardo Arcila Farías, Mercedes Carlota Pardo
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