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Revolución Libertadora
19.12.1901 -22.7.1903

Insurrección armada contra el gobierno de Cipriano Castro. La Revolución Libertadora fue un caso único dentro de los anales de las guerras civiles venezolanas en cuanto a que en ella se combinaron los intereses de los caudillos regionales con los de algunas de las empresas extranjeras que operaban en el país. Manuel Antonio Matos, el jefe nominal de la revolución, era el vínculo entre ambos grupos de intereses. Los caudillos venezolanos fueron entonces los instrumentos de una política internacional que sobrepasaba sus propios antagonismos parroquiales, mientras Matos, banquero en el campo de batalla, se dejó llevar por tácticas de combate que desconocía completamente. La «Libertadora», que habría de ser la última guerra civil venezolana, fue, en efecto, la última resistencia del caudillismo contra la soberanía del Estado moderno, representado por Cipriano Castro y luego, por Juan Vicente Gómez. Mientras tanto, allende los mares, las potencias extranjeras siguieron, con ojos interesados, el desarrollo de los acontecimientos.

Antecedentes: Los antecedentes de la Libertadora arrancan prácticamente desde el momento en que Castro, líder victorioso de la Revolución Liberal Restauradora, asume el poder (22.10.1899). A la semana de haber nombrado su nuevo gabinete, Castro debe enfrentarse a la rebelión de su ministro de Fomento, el general José Manuel Hernández, el Mocho. La campaña que culmina con la captura del Mocho (24.5.1900) enfrenta al gobierno con un importante sector de la vida política del país: los seguidores del Mocho Hernández, unidos bajo el estandarte del Partido Liberal Nacionalista y entre los cuales figuran numerosos caudillos, particularmente del occidente de Venezuela, pasan a formar parte de la oposición. La banca caraqueña es otro de los elementos de esta creciente oposición. La caída en los precios del café y del cacao, acentuada durante los últimos años del siglo XIX, ha provocado una grave crisis de tesorería para el gobierno. Las arcas públicas están vacías y, para hacerle frente a la rebelión de Hernández, Castro debe recurrir al crédito bancario. Manuel Antonio Matos, en un primer momento, ofrece negociar, a través del Banco Caracas, un préstamo por Bs. 1.000.000 que solo logra aliviar la situación hasta finales de 1899. Luego, tanto el Banco Caracas como el Banco de Venezuela se niegan a suministrar sumas adicionales. Las represalias son espectaculares. Castro manda encerrar a los banqueros, Matos a la cabeza, en La Rotunda de Caracas. Los humilla públicamente. No le queda a la banca otro camino, por los momentos, que el de la sumisión. Los créditos solicitados son acordados. Pero, al ser liberado en los primeros días del año 1900, Matos pronto se convierte en el polo de atracción para los descontentos; estos son tanto los líderes del «mochismo», como los caudillos tradicionales del Liberalismo Amarillo que ven, con creciente alarma, las veleidades personalistas y centralizadoras de Cipriano Castro. Descontentos también con las actuaciones del nuevo régimen están los gobiernos de Alemania y de Inglaterra, cuya lista desatendida de reclamos por concepto de supuestos daños y atropellos a sus súbditos respectivos que residen en el país se va alargando cada día más. Finalmente, descontentas están varias de las empresas de capital extranjero que operan en Venezuela y cuyos litigios con los diferentes gobiernos remontan prácticamente al inicio de sus actividades en el país; entre ellas se destacan: la New York and Bermudez Co. que opera la concesión de asfalto del lago de Guanoco; la Compañía Francesa de Cables Submarinos y la Compañía Alemana del Ferrocarril Caracas-Valencia. Matos, debido a su experiencia dentro del ámbito de la finanza internacional, alienta esta creciente inconformidad. Asegura que, derrocado Castro, Venezuela cumplirá con todos sus compromisos, tanto públicos como privados. Medidas discriminatorias como el impuesto adicional de un 30% sobre importaciones provenientes de las Antillas, el famoso «30% antillano» que venía de la época de Guzmán Blanco, se eliminarían y, sobre todo, el capital extranjero establecido en el país sería favorecido. Estas promesas fueron recibidas con especial beneplácito por los directivos de la New York and Bermudez quienes invitaron a Matos a visitar su sede principal en Nueva York (23.7.1901) donde le fue entregado un primer cheque de us $ 100.000 para ayudar su proyecto de insurrección. Matos utilizó este dinero para la compra, en Londres, de un buque, el Ban Righ, así como para la adquisición de armas y municiones. Valiéndose de la complicidad de Rodolfo de Paula, cónsul de Colombia en Londres, logra armar y equipar el Ban Righ en el Victoria Dock de la capital inglesa. El 21 de noviembre de 1901, el Ban Righ zarpa desde Londres rumbo al Caribe, vía el puerto belga de Amberes donde recibe un nuevo cargamento de parque, y la isla francesa de Martinica donde arriba a fines de año. Mientras tanto, en Venezuela, los rumores de un inminente alzamiento se multiplican, rumores que involucran al propio ministro de Guerra y Marina, general Ramón Guerra, quien resuelve retirarse temporalmente de su cargo, oficialmente por motivos de salud. A mediados de diciembre, Castro logra averiguar que Luciano Mendoza, el recién nombrado presidente del estratégico estado Aragua está también implicado en la conspiración. Al saber que han sido dadas órdenes para su arresto, Mendoza resuelve adelantarse a los acontecimientos y, el 19 de diciembre de 1901, en el sitio de La Villa, cerca de La Victoria, se alza y lanza la proclama que sanciona su rebelión. La contienda armada ha empezado.

Las operaciones militares: Castro inmediatamente despacha a su vicepresidente Juan Vicente Gómez, a la cabeza de un contingente de 1.500 hombres, con la tarea de acabar con la rebelión. La campaña se extiende hacia las llanuras del Guárico, donde Mendoza intenta unir sus fuerzas con las del general Antonio Fernández. Gómez logra impedirlo y derrota a Fernández en La Puerta (30.12.1901). En Martinica, el 1 de enero de 1902, Matos, a bordo del Ban Righ, rebautizado con el nombre de Libertador, lanza la primera proclama oficial de la nueva revolución antes de zarpar hacia las costas venezolanas. En un primer momento, los combates de la Revolución Libertadora quedaron circunscritos a los llanos de Guárico y Cojedes, donde, siguiendo el ejemplo de los generales Luciano Mendoza y Antonio Fernández, el ya anciano general Luis Loreto Lima, uno de los brazos armados del «mochismo», se alza (enero 1902). Atrincherado en el pueblo de Tinaco (Edo. Cojedes), Gómez decide esperar el encuentro con el enemigo. El asalto se produce el 6 de febrero de 1902. Las tropas de Luis Loreto Lima son derrotadas y el viejo caudillo es ultimado mientras dirige una carga de caballería. Para mediados de febrero, Gómez se dirige hacia las serranías de Carabobo, persiguiendo varias guerrillas «mochistas». Pacificada la región, regresa a Caracas (26.2.1902) a la manera de un procónsul victorioso. Mientras tanto, los administradores del Ferrocarril Alemán Caracas-Valencia multiplican las notas de protesta dirigidas al gobierno venezolano acerca de los daños causados por los movimientos de tropas y parque por la vía de dicho ferrocarril. Al mismo tiempo, los funcionarios de la Compañía del Cable Francés reciben instrucciones de su casa matriz de París de prestarle ayuda a los revolucionarios. Los telegramas oficiales enviados por vía del Cable Francés son entonces retransmitidos en clave hasta las oficinas de Caracas que se convierten en el centro de información sobre los movimientos de tropas del gobierno. El Ban Righ-Libertador arribó frente a las costas orientales de Venezuela a comienzos de enero de 1902 e inició su recorrido, desembarcando tropas y municiones. El 14 de febrero, un importante contingente es desembarcado cerca de Coro, encargándose el general Gregorio Segundo Riera de las operaciones en el occidente del país. Desde Coro donde se inicia (19.2 .1902) la rebelión pronto se extiende. El núcleo occidental de la Revolución Libertadora estuvo dirigido principalmente por los caudillos «mochistas» (Gregorio Segundo Riera y Amabile Solagnie, entre otros) a los cuales se unen otros opositores al gobierno castrista como Juan Pablo Peñaloza. En el Táchira (22.2.1902), Carlos Rangel Garbiras intenta, a su vez, una nueva invasión del territorio venezolano, pero es derrotado el 17 de marzo de 1902. Juan Vicente Gómez es nombrado delegado nacional para la región occidental. Desembarca en La Vela (19.3.1902) y se enfrenta a Riera y Peñaloza en Urucuru, cerca de Coro (15.4. 1902), logrando una nueva victoria para el gobierno. Pero, casi simultáneamente, el oriente del país se suma a la causa revolucionaria. Al llegar a Carúpano (7.3. 1902) a bordo del Ban Righ-Libertador, el general Nicolás Rolando, acompañado de su Estado Mayor General, logra establecer una Cabeza de playa en el sitio de La Esmeralda. En el oriente, la Libertadora cuenta con el apoyo de caudillos tradicionales del Liberalismo Amarillo: Domingo Monagas, los hermanos Pedro y Horacio Ducharne; así como de nuevas figuras: Zoilo Vidal, El Caribe, el propio Rolando y destacados representantes de la comunidad corsa residenciada en los puertos de la región: Santos A. Domínici, antiguo rector de la Universidad Central de Venezuela, Pedro Vicentini y otros. Rolando, quien actúa como comandante supremo de las fuerzas revolucionarias en oriente, logra coordinar exitosamente las operaciones. Para fines de abril, Cumaná y Carúpano están en manos de la revolución. El 29 de abril, Castro nombra a Gómez comandante en jefe de los ejércitos del gobierno y lo despacha hacia oriente. Gómez logra ocupar a Cumaná pero es derrotado y herido en una pierna al intentar la toma de Carúpano (5.5.1902). Las fuerzas del gobierno son evacuadas; a los pocos días, Matos desembarca en Güiria y establece su cuartel general en El Pilar, cerca de Carúpano, de donde lanza su primera proclama como jefe supremo de la revolución, haciendo un llamado a la insurrección general. El 23 de mayo de 1902, la guarnición de Ciudad Bolívar, dirigida por Ramón Cecilio Farreras, se levanta en armas al grito de «mueran los andinos». Guayana, junto con el oriente, son ahora baluartes de la revolución. El 7 de junio de 1902, Matos nombra a Farreras comandante civil y militar de Guayana y solicita ante las autoridades inglesas de Trinidad el reconocimiento de un representante diplomático. En el occidente, después de la salida de Gómez, Riera y Peñaloza logran recuperar sus fuerzas y toman a Coro (21.6.1902). Luciano Mendoza, por su parte, al frente de una coalición de «mochistas» y de liberales, logra ocupar a Barquisimeto (26.6.1902). En julio, Cipriano Castro se declara en campaña y sale personalmente a combatir la revolución. En agosto, Matos y Rolando, al frente del ejército revolucionario de oriente, establecen su cuartel general en Altagracia de Orituco donde resuelven esperar la llegada de los ejércitos de occidente y del centro. La reunión de las fuerzas revolucionarias se logra a fines de septiembre. El ejército de la Libertadora, que cuenta ahora con más de 14.000 hombres, se concentra en Villa de Cura, mientras Castro, quien ha recibido refuerzos de los Andes, se atrinchera en La Victoria (Edo. Aragua). Entre tanto, después de la muerte de Domingo Monagas, el respetado jefe del Estado Mayor de la revolución, se agudizan los roces existentes entre la oficialidad de Matos, quien, por su parte, no logra imponer su autoridad; se adopta el plan propuesto por Luciano Mendoza de atacar a Castro en La Victoria (septiembre 1902). La batalla de La Victoria (12.10-2.11.1902), por el número de combatientes que participaron en ella, fue el hecho de armas más importante en toda la historia de Venezuela, así como uno de los más sangrientos (3.000 muertos). Las fuerzas de la revolución fueron derrotadas; se retiraron hacia Villa de Cura y se dispersaron. Cada facción regresaría a su región de origen. En lo consecutivo, la Revolución Libertadora no logró una acción coordinada. Riera y Solagnie marcharon hacia el occidente; Dúchame y Vidal hacia el oriente. Rolando mantuvo actividades de guerrilla en los linderos del Guárico mientras Matos, a su vez, se embarcaba rumbo a Curazao. A las pocas semanas del triunfo de Castro en La Victoria, fuerzas navales de Inglaterra, Alemania e Italia atacaban al puerto de La Guaira (9.12.1902) y, en los días siguientes, establecían un bloqueo de las costas venezolanas. Castro supo aprovecharla oportunidad del bloqueo para decretar una amnistía general y liberar al Mocho Hernández quien, en gesto patriótico que podría ser considerado también como una muestra de gran ingenuidad política, aceptó sumarse a la causa del gobierno. El partido «mochista» quedaba así dividido. Durante el bloqueo (enero-febrero 1903), una serie de treguas fueron celebradas entre las fuerzas de la revolución y el gobierno, mientras se consolidaban las posiciones de cada bando. En abril de 1903, Rolando, desde Río Chico, intentó un movimiento hacia Caracas, pero fue detenido en El Guapo por Juan Vicente Gómez (10-14.5.1903) y tuvo que retirarse. Gómez regresó a Caracas para preparar una nueva expedición. El 23 de mayo, Barquisimeto quedaba definitivamente en manos del gobierno, sellando la derrota de la Revolución Libertadora en el occidente. A pesar de que Matos, desde Curazao, instaba a deponerlas armas, Rolando, en el oriente, resolvió seguir luchando. Se retiró con sus tropas hasta Ciudad Bolívar, último baluarte de la revolución. Allí se enfrentó a Juan Vicente Gómez (20-22.7.1903) quien terminó ocupando la plaza poniéndole fin a una contienda que involucró durante más de 18 meses a más de 40.000 hombres en combate y dejó un saldo de aproximadamente 12.000 muertos.

Consecuencias: El final de la guerra civil marcó la derrota definitiva del caudillismo tradicional; asentó firmemente el poder de Cipriano Castro y marcó también el ascenso político y militar de Juan Vicente Gómez quien se impuso durante las campañas libradas como hábil estratega. La comprobada intervención de intereses extranjeros a favor de los revolucionarios originó una serie de acciones por parte del gobierno venezolano: fueron anuladas las concesiones de la New York and Bermudez Company y de la Compañía del Cable Francés, llegándose en ambos casos a una ruptura de relaciones diplomáticas que, en el caso de Francia, desató una serie de represalias dirigidas en contra de la comunidad corsa de Carúpano. La Constitución de 1904 fortaleció los privilegios del Ejecutivo y acentuó la centralización institucional del país. Finalmente, la reorganización del ejército nacional, también iniciada a partir de 1904, le aseguró al Estado la base de un nuevo poder.

Temas relacionados: Ban Righ, Castro, Cipriano, gobierno de; Ciudad Bolívar, batalla de; El Guapo, batalla de; La Victoria, batalla de (1902); New York and Bermudez Company; Orinoco Steamship Company.

Autor: Fundación Polar
Bibliografía directa:

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Hemerografía: «Batalla de La Victoria: uno de los grandes fracasos de la Revolución Libertadora», En: Boletín del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas, núm. 37, julio-agosto, 1965; «La revolución de Luciano Mendoza». En: Boletín del Archivo Histórico de Miraflores. Caracas, núm. 41-42, 1966.
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