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Tovar Báñez y Mendieta,   Manuel Felipe de
Madrid

Alcalde ordinario de Caracas y gobernador interino de la provincia de Venezuela junto con Domingo Galindo y Sayas (1675-1677). Era hijo de Martín de Tovar Báñez, capitán de infantería y caballero de la Orden de Santiago, y de Melchora de Mendieta y Espínola. Llegó a Venezuela en 1640 junto con sus hermanos Martín y Ortuño y su tío, el obispo Mauro de Tovar Báñez. Se estableció en Caracas, ciudad en la cual llegó a ser un prominente vecino. En 1641 fue nombrado caballero de la Orden de Santiago. En 1646 casó con Juana Pacheco Maldonado, hija del capitán Juan Pacheco Maldonado y de Juana de Nava y Mejía. Más tarde, en 1654 la Audiencia de Santo Domingo lo nombró regidor perpetuo del Cabildo caraqueño, cargo al que se incorporó al año siguiente. En 1664 contrajo nuevas nupcias, esta vez con María Mijares de Solórzano y Hurtado de Monasterios, hija del capitán Francisco Mijares de Solórzano y Díaz de Rojas, y de Catalina Hurtado de Monasterios y Mendoza. Electo alcalde ordinario de Caracas con Domingo Galindo y Sayas, el 1 de enero de 1675, se encargaron ese mismo día del gobierno político y militar de la ciudad, cargo ejercido antes, también interinamente por los alcaldes ordinarios Pedro Jaspe de Montenegro y Diego Fernández de Araujo, desde la muerte del gobernador Francisco Dávila Orejón (13.9.1674). Mientras ejercían el mandato los 2 alcaldes ordinarios, llegó a Caracas Juan Padilla Guardiola y Guzmán, designado gobernador y capitán general interino por la Audiencia de Santo Domingo. Tanto el Cabildo como los alcaldes gobernadores no lo reconocieron, alegando que según la real cédula expedida por Felipe II el 8 de diciembre de 1560, ellos podían regir la ciudad por ausencia o muerte del gobernador. Como Guardiola y Guzmán insistía en ser reconocido, el Cabildo tuvo que enviar un procurador ante la Corte, obteniendo, después de exponer el caso, la real cédula expedida por Carlos II el 18 de septiembre de 1676, por medio de la cual se reafirmó el derecho que tenían los alcaldes de gobernar no solo la ciudad de Caracas, sino también la totalidad de la provincia, en caso de ausencia o muerte del titular. Debe indicarse que la lucha del Cabildo respondía a la necesidad que tenían sus miembros (españoles peninsulares establecidos en Caracas, emparentados con lo más notable de la sociedad y con descendientes nacidos en Venezuela), de no contar con obstáculos en su influencia social, económica y política. Sin embargo, hasta tanto no se resolvió el litigio los alcaldes continuaron gobernando, ocupándose de las necesidades más apremiantes de la ciudad y su jurisdicción: mejorar los caminos hacia La Guaira y Puerto Cabello; iniciar la construcción de un fortín en Caracas, aledaño al convento de la Merced; construcción de un sistema de distribución del agua a través de tubos de cal y canto; edificación de portales y arcos en la plaza Mayor, etc. En 1676 fueron reelegidos, ejerciendo nuevamente el mando hasta el 1 de enero de 1677, fecha en que lo traspasaron a Pedro Ruiz de Arguinzones y Nuño de Freitas, alcaldes ordinarios designados en esa fecha.

Autor: Fundación Polar
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